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Comentarios: 10

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 Diario de Namida

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MensajeTema: Diario de Namida   Lun Oct 31, 2011 2:33 pm

● MINIFICHA ●

• Nombre del personaje •
Namida no Usagi.
•Especialización del personaje •
Espadachín.
• Profesión del personaje •
Médica (Principal).
• Edad del personaje •
16 años.
• Akuma no Mi •
Neko-Neko no Mi: Modelo Black Panther.
• Haki •
No tiene.


● DIARIO DE NAVEGACIÓN ●
- LEYENDA -
Rojo—Rol
Blanco—Misiones
Violeta—Minitramas (Individuales)
Rosa—Minitramas/Eventos (En grupo)
• Antes de los 16 años •
1 - [Prólogo] El principio de todo.

• Después de los 16 años •
2 - South Blue; Mar abierto. [Presente] Isla Desmanes.
3 - South Blue; Mar abierto. [Presente] Isla Dagas.
4 - South Blue; Mar abierto. [Presente] Cazador de pieles.
5 - Isla Commi. [Presente] Namida, la nueva adquisición.
6 - Loguetown. [Presente] Se alzan los Demonsfire, un nuevo integrante...
7 - East Blue; Mar abierto. [Pasado] La isla de las bestias.
8 - Villa de Syrup. [Presente] Demonsfire, nuestro primer barco.
9 - East Blue; Mar abierto. [Presente] Convivencia de los Demonsfire.
10 - Isla en Ruinas. [Presente] Demonsfire dream. La emperatriz.
11 - East Blue; Mar abierto. [Presente] ¿En que me he metido?
12 - Shelltown. [Presente] Asalto a la base marine.
13 - Villa de Fuschia. [Presente] De cacería.
14 - Shelltown. [Presente] Cierto pájaro divino necesita ayuda...no mucha.


Última edición por Namida el Dom Sep 09, 2012 2:21 pm, editado 29 veces
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MensajeTema: Prólogo   Mar Nov 01, 2011 8:45 am

0.1. El inicio. ¡Es una promesa!

Namida se crió en la Isla Bliss, en el South Blue. Desde siempre su padre le había recordado que ella no pertenecía a esa familia. Siempre le había dicho que no valía para nada y por eso la habían abandonado. Desde muy pequeña había crecido escuchando eso pero nunca la había hecho sentirse inferior como su padre había pretendido desde un principio. Su madre le contaba una y otra vez que todo lo que su padre decía no era cierto.

Namida había llegado a sus manos cuando sus verdaderos padres la habían dejado, eso era cierto, pero sí que era buena en muchas cosas. Su madre, cuando cumplió la edad de quince años, le mostró el dibujo que había llegado con ella y le hizo entrega de la daga.

Namida comenzó a entrenar junto con su amigo en el interior de la isla mientras los otros niños jugaban tranquilamente en sus hogares. Namida se fue haciendo cada vez un poco más fuerte y más hábil con su daga. Un día, cuando ambos descansaban su amigo la hizo prometer algo:

“El día que uno de nosotros salga de esta isla, da igual cuanto tarde, volverá por el otro para llevárselo consigo” ambos hicieron esa promesa y pasaron el resto del día descansando felices.

El día en el que su mejor amigo le dijo que iba a abandonar la isla se puso muy feliz por él. Su familia había decidido partir para dirigirse a otro lugar. Llegó el día de su partida y todo fue demasiado difícil. Namida lloró como nunca lo había hecho. Nadó hasta muy adentro en el mar cuando el barco de su amigo había partido ya horas atrás.

Encontró una roca que sobresalía un par de metros del mar y se encaramó de tal manera que podía subir. La roca tenía la forma de taburete era algo ovalado. Se sentó dejando que los pies quedaran suspendidos en el aire.

Debido a que no se pudo despedir de su amigo gritó:

–¡Te esperaré, es otra promesa!


Última edición por Namida el Lun Feb 13, 2012 11:25 am, editado 5 veces
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MensajeTema: Prólogo   Mar Nov 01, 2011 2:37 pm

0.2. Todo continúa. ¡Mentiroso!

Tras un par de días Nami había tomado como una rutina nadar hasta la roca. Allí veía el atardecer tranquilamente. Pasaba toda la mañana y parte de la tarde ayudando a su madre y el resto del tiempo lo utilizaba para entrenar y hacerse más fuerte cada vez.

Los días pasaban con lentitud en la isla y en el pequeño poblado no había casi nada que hacer. Namida no se juntaba con las demás niñas ya que todas iban detrás de los muchachos o contando chismes. Todas la miraban al pasar ya que Nami siempre iba vestida con el mismo y viejo vestido color melocotón.

Cuando apenas era una niña de ocho años su madre se lo fabricó, le dijo que no podría comprar más tela para hacerle otro por lo que lo hizo elástico y largo para una niña pequeña. La mujer le hizo los arreglos pertinentes para que mientras la niña fuera creciendo el vestido siguiera valiendo.

Nadie se acercaba a jugar con ella por lo que quedó sola, sin ningún amigo aparte quién se había ido. La muchacha seguía entrenando sin prisa, ya que no pretendía salir de la isla, por lo tanto no encontraría peligro alguno.

Ese día había decidido no entrenar. Había ayudado a su madre durante toda la mañana a hacer las labores del hogar y en el pequeño bar que regentaba y tras eso se había dado una pequeña vuelta por el poblado. Tras pasar toda la mañana y la mayor parte de la tarde decidió ir a su lugar secreto.

Nadó hacia la roca y estuvo allí durante un par de horas antes de que viera aparecer, en el horizonte, un pequeño barco de la marina.

Recordó lo que su madre le había contado una vez. Su padre de joven fue un marine al que echaron por ingesta abundante de alcohol y desacato. Desde entonces comenzó a beber más y eso lo hizo más agresivo de lo que ya era.

Nami vio que el barco se dirigía hacia su isla y eso, aunque bueno, le trajo un mal presentimiento. Cuando llegaron, y tras desembarcar, llamaron ante su presencia al alcalde y a todos los adultos. Cuando la reunión, a la que los jóvenes no podían asistir, finalizó la mayoría de la gente salió con cara de situación.

Tras un par de horas, ya entrada la noche, Namida se enteró de que el barco en el que viajaba su mejor, y único, amigo había sido abordado. Eso no le interesó, solo quería saber si aquel que le había hecho una promesa volvería para cumplirla.

Corrió como nunca al recibir su respuesta. Lloró como nunca antes lo había hecho y corrió hasta la roca, el único lugar donde se sentía reconfortada y tranquila, repitiendo una única palabra una y otra vez. Una vez sentada allí miró la profundidad tranquila del mar en la noche y se prometió que algún día saldría de esa isla. Fuera como fuese, lo haría.

–¡Mentiroso!


Última edición por Namida el Lun Feb 13, 2012 11:25 am, editado 3 veces
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MensajeTema: Prólogo   Miér Nov 02, 2011 12:36 pm

0.3. Una nueva yo. ¡Todo está decidido!

Desde ese mismo momento supo que no dejaría que su padre, al que había dejado de respetar hacía mucho tiempo, volviera a tocarle un solo pelo. Pero tendría que ganar algo de dinero para poder salir de la isla. Tenía que idear algo para que ese malnacido los dejara, a ella y a la que consideraba su familia, tranquilos.

Namida le pidió a su madre que la dejara buscar un trabajo para ganar algo de dinero para ella misma. Le pidió algo en lo que entretenerse todo el día para no pensar en su difunto amigo. Nami tenía claro que no podía hacer nada sin algo de dinero y eso lo tenía claro. Los marines se habían quedado un par de días por la zona para vigilar que los que habían abordado el barco del chico no aparecieran por la isla.

A Namida se le ofreció el trabajo de ayudar en la posada y en el restaurante que regentaba la propietaria de esta. Nami aceptó gustosa al saber que al fin podría ganar algo de dinero. La regente de la posada era una menuda ancianita que era muy simpática, carismática y repleta de energía. Con el pelo blanco como la nieve y unos ojos verdes preciosos. Al saber que ese trabajo solo lo haría por la mañana y un poco de la tarde la chica decidió, con el consentimiento de aquella que le había dado una oportunidad, buscar otro trabajo que la ayudase a ocupar el resto de la tarde.

En las afueras del poblado había una herrería, y el viejo que trabajaba allí la vio por la calle mirando a todos lados y cuando sus ojos chocaron contra los de él, el anciano enarcó una ceja blanca y le lanzó una sonrisa. Con un gesto hizo que lo siguiera y la llevó hasta su taller. Allí pasó la mayoría de las tardes, fabricando instrumentos de pelea de los que luego, al venderlos, se quedaba con la mitad del dinero. En poco tiempo ganó mucho dinero entre los dos trabajos.

Parte del dinero lo metía en una cajita y lo escondía bajo tierra en un lugar para que nadie lo pudiera encontrar y el resto lo llevaba a casa. Cuando en la caja tubo el dinero suficiente se dio cuenta de que había pasado casi medio año. Su padre seguía tan bruto como siempre y no había dejado de pegar a su familia. Los marines, ya que no habían encontrado nada sospechoso, a veces volvían para ver si todo seguía bien.

Ese día los hombres de la Marina Naval habían llegado en un enorme buque. Dos hombres bajaron del barco, dejando a algunos hombres en él. Nami iba, ese día, por las calles del poblado comprando algo para la comida en la posada. Fue mientras entraba en una de las tiendas que los vio. Compró todo lo que necesitaba mientras refunfuñaba por lo bajo. La morena tenía planeado huir ese día pero si los marines estaban ahí la buscarían hasta debajo de las piedras.

Dejó todo lo que había comprado en la posada y le dijo a la dueña que iría a su casa. Se dirigió a su escondite y desenterró la caja. Se dirigió al centro del pueblo y miró las tiendas, el pueblo era pequeño pero sus tiendas tenían las mejores prendas, en una de ellas vio algo que le encantó. Cogió todo lo que quería y se metió en un probador. Se subió un poco el vestido y desenfundó la daga que llevaba atada a su muslo. La dejó sobre un taburete y se quitó el vestido dejándolo bien doblado sobre la daga. Tras eso se colocó todo lo que había comprado. Al salir las encargadas le dijeron que todo le quedaba estupendamente.

Viendo que el precio no era demasiado elevado lo compró todo. Se miró en un espejo y se vio a sí misma. Mantenía su cabello, negro como el carbón, suelto y largo. Se había comprado una camisa blanca con una corbata negra. Una falda negra, con vuelo que le llegaba cinco dedos sobre la rodilla y unos botines blancos con algo de tacón. Volvió a entrar en el probador. Se ató, en el muslo, la cuerda que llevaba la daga a una altura en la que no se viera.

–¡Todo está decidido!


Última edición por Namida el Lun Feb 13, 2012 11:26 am, editado 3 veces
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MensajeTema: Prólogo   Miér Nov 02, 2011 1:06 pm

0.4. El fin de la tranquilidad. ¡Ahora toca sobrevivir!

La chica se dirigió hacia casa pero en una de las tiendas algo la detuvo. Era una pequeña mochila, redonda y de color blanco con dos hilos de cuerda que la cerraban. Entró en el local y la compró. Miró el dinero que le quedaba, le quedaba suficiente para pedir un barco que tal vez nunca devolvería. Pero eso nadie lo sabía, solo ella. Lanzó una sonrisa al aire recordando lo que le solía decir su viejo amigo.

Robemos un barco y salgamos de aquí juntos. Solo los dos. Te prometo que yo cuidaré de ti.

Lanzó otra sonrisa, esta vez cargada de tristeza. Siguió caminando y salió del pueblo. Llegó a la zona donde solía practicar junto con el chico. Miró todo con desgana y se dio la vuelta lentamente.

Fue a su casa y por el camino se encontró con un par de marines charlando. Aguzó el oído y siguió, lo que pudo, la conversación. Lo que decían la dejó sorprendida.

¿Sabes que aquí hay un ex marine? –preguntó uno de los dos.

¿Sí? ¿Y qué hizo para que lo echaran? –preguntó el otro.

Desobediencia y brutalidad contra los presos –respondió simplemente. Ambos se dieron cuenta de que la joven estaba ahí y bajaron la voz.

Siguió su camino y llegó a su casa. Allí estaba su padre que la miró de arriba abajo. Frunció el ceño y los labios.

¿Cómo has conseguido esa ropa de ramera? –preguntó al ver la ropa que se había comprado.

¿De ramera?”, se preguntó la joven con ironía, “¿Más que el cortito vestido que ya no me tapaba nada?

Con el dinero que he ahorrado –dijo con insolencia.

Quítate esa ropa –ordenó el hombre mientras levantaba la mano. Nunca llegó a bajarla ya que antes de que pudiera hacerlo su pecho se había teñido del rojo de su propia sangre. Cerró los ojos apretando todavía más fuerte para que la daga se encajara más en su pecho.

Nami escuchó la puerta de entrada pero no le prestó atención. Lo que había entrenado con su arma le había servido para adquirir algo de fuerza en los brazos. Miró hacia detrás cuando dejó caer el peso muerto que ahora era su padrastro. Allí vio a sus hermanos mayores y a uno de los marines. El marine era joven, tenía el cabello moreno y los ojos pardos. Cuando alguno de los muchachos iba a reaccionar Namida ya había saltado por la ventana.

¡Alto, deja de correr! –ordenó el marine mientras la intentaba seguir. El chico la perdió de vista rápidamente desde el interior de la casa.

Todos la habían visto matar a su padrastro por lo que le caería una pena seguro. Debido a esa razón decidió huir. Corrió y cuando se había alejado demasiado de la casa chocó contra alguien. Iba tan asustada que no se dio cuenta de que había chocado contra el otro marine por lo que lo amenazó con la daga y siguió corriendo. Había llegado a un pequeño acantilado que solo se alzaba un par de metros sobre el mar.

Se lanzó al agua y nadó. Nadó hacia algún lugar en el que esconderse. Nadó durante un par de horas y llegó a una roca grande que parecía un islote. Allí vació lo que había traído. No le había dado tiempo a coger nada ya que al llegar aquel hombre la había estado esperando. Al huir solo llevaba un trozo de pan que le había quitado a la compra que había hecho esa mañana.

El miedo la consumió. Lloraba mientras le daba grandes mordiscos al trozo mojado de pan. Toda su ropa estaba húmeda y eso la hacía pasar algo de frío. Pensó que si se quedaba ahí la encontrarían rápidamente por lo que decidió descansar unos minutos más y seguir nadando.

Estaba cansada, le costaba moverse y respirar. Nami pensó que su final había llegado y volvió a llorar. Pero entonces entre las lágrimas vio un barco. Se limpió las lágrimas y se acercó sigilosamente. Era de noche y la luz era escasa, por lo que Namida no podía ver la bandera que rezaba que eran piratas.

Creyó que su salvación había llegado. Pensó que si subía a ese barco y se escondía podría huir por fin de esa isla.

Ya había salido, ¡Ahora toca sobrevivir!


Última edición por Namida el Lun Feb 13, 2012 11:28 am, editado 4 veces
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MensajeTema: Prólogo   Miér Nov 02, 2011 1:38 pm

0.5. ¿Sobrevivir? La Neko-Neko no Mi ¡Contrólate, Namida!

Miró a todos lados desde el interior del bote dónde se hallaba, estaba nerviosa por lo que le había ocurrido.

Se había conseguido colar entre todos los borrachos que había. No había nadie cuerdo en ese barco al que había dado a parar. Uno de los hombres intentó propasarse con ella pero le golpeó la cabeza y cayó redondo, no por el golpe sino por el alcohol que corría por sus venas.

Miró a su alrededor y suspiró. Miró por todos los camarotes en los que no escuchaba sonidos. En una de las puertas entró a parar a unos calabozos. Allí miró hacia todos los lugares y vio a un tipo recostado. Llevaba algo escondido entre sus ropas se le notaba debido a que había un bulto bajo la camiseta. Se acercó un poco y el tipo seguía en la misma posición. Cuando acercó su rostro a los barrotes el hombre le dio un susto colocando su mano ante las narices de la chica. Pegó un brinco hacia detrás y lanzó un sonoro suspiro al descubrir que no era más que un anciano. El viejo la miró a los ojos y rebuscó algo entre sus ropajes maltrechos.

–Debes tener hambre, ¿Verdad, jovencita? –preguntó el hombre mientras le ofrecía una extraña fruta toda negra. Nami los miró a ambos desconfiada. ¿Cómo podría confiar en alguien que no conocía?–tómala, es toda tuya.

La joven la tomó entre sus manos y la olió. Escuchó la risa del anciano y le dio un mordisco. Estaba buena, algo seca, pero nada raro. En unos pocos segundos ya no quedaba nada de la fruta.

–Yo me lavo las manos en este asunto. El capitán del barco solo quería la Akuma no Mi –musitó mientras lanzaba una sonrisa siniestra que hizo que la joven diera un par de pasos hacia detrás– esto ya no es asunto mío.

–¿Qué me has dado? –preguntó la joven nerviosa y asustada al escuchar esas palabras.

–Era una Neko-Neko no Mi –comentó tranquilamente. La muchacha se dio la vuelta y salió corriendo.


Así había llegado al bote desde donde miraba todo nerviosamente. Algo le decía que había hecho mal al hacer caso al anciano.

¡Contrólate, Namida!


Última edición por Namida el Lun Feb 13, 2012 11:31 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Capítulo 1.   Miér Nov 16, 2011 5:50 am

1.1. Primer encuentro. ¿Quién será?!

Había llegado a una isla, gracias al barco donde se había metido, de la que nunca había oído hablar. Allí se dio cuenta de que se trataba de un barco pirata. Se fijó en que por las calles no había nadie, cosa que la extrañó de sobre manera. Entró en una taberna buscando información, quería saber si algún barco zarparía en las próximas horas de ese lugar para tomarlo y dejar así el barco pirata en el que había llegado. Pero al entrar su propósito se le olvidó mientras tomaba un trago junto a la graciosa tripulación de su transporte.

Decidió dar un paseo por la isla antes de volver al barco pero se dio cuenta de que algo malo estaba ocurriendo por lo que decidió quedarse y ayudar a los ciudadanos. Según contaba una leyenda local había un grupo de fantasmas que rondaban la isla. Desde hacía algo de tiempo los fantasmas se habían revuelto y no dejaban de gastar bromas y de robar las cosas de las pobres gentes. Nami decidió ayudarlos y así descubrió que no se trataba de fantasmas, sino de unos simples mocosos que no tenían otra cosa que hacer para divertirse.

Una vez descubiertos, Namida, utilizó como beneficio el poder de la fruta, que había emergido de ella, para asustar a los niños que prometieron no volver a hacerlo más. Para asegurarse de que no volviera a ocurrir Nami sacó todo lo que habían robado de la casa para devolvérselo a sus propietarios.

Una vez en el suelo se dio cuenta de que alguien la estaba mirando. Aquel le informó un poco sobre la fruta que había ingerido y desapareció, ya que cuando intentó buscarlo no lo podía encontrar por ningún lugar.

Llegó al pueblo con la duda, todavía sobre el joven, plasmada en su mente. Devolvió todo lo que los niños habían robado y se encargó de que recibieran un justo castigo por lo que habían hecho, tras esa pequeña aventura, Nami esperó durante un par de días para conseguir que una nueva embarcación la trasladara a algún otro lugar.


Última edición por Namida el Lun Feb 13, 2012 11:17 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Capítulo 1.   Miér Ene 04, 2012 8:09 am

1.2. La primera pista sobre su paradero.

Tras esperar unos cuantos días un barco que transportaba mercancía la recogió, la dejó en el lugar deseado para todo aquel que poseyera armas blancas: la Isla Dagas. En esta isla solo se habían tiendas de herreros y unos cuantos negocios para el sustento, y algunos locales para aquellos que decidieran pasar unos cuantos días por allí.

Desde hacía un par de años unos temibles revendedores de armas habían comenzado a atacar a los herreros y a robarles sus trabajos. Al llegar a la isla Nami conoció a un viejo al que ayudó. Un vendedor de dagas le había robado todas las armas que había podido, y tras un par de horas había vuelto a por lo que no se había llevado antes.

El vendedor era un hombre alto, fuerte y de aspecto grotesco. De cortos cabellos castaños. Namida había conseguido reducirlo y estaba a punto de acabar con su vida pero Totosai, el viejo herrero, le perdonó la vida haciendo que se fuera corriendo. Pasada sobre una media hora el vendedor volvió y asestó una puñalada por la espalda al anciano.

Tras ver esto, Namida perdió el control de su mente y al volver en sí vio que había casi descuartizado al hombre. Entró en la casa y vio que Totosai todavía seguía con vida y eso la alegró. Justo antes de morir le dijo que había conocido a su padre, y que su último trabajo había sido para él. El anciano le hizo entrega de una daga que resistía grandes temperaturas.

Tras lanzar unas lágrimas decidió que no podía dejarlo así y lo enterró junto a alguno de sus trabajos. Tras enterrar al viejo amenazó a los demás vendedores, y para asegurarse de que no volvía a pasar nada parecido decidió quedarse algún tiempo rondando por la isla. Solo hasta que encontrara otra cosa en la cual gastar su tiempo.

En ese momento tomó una decisión: "Haré cualquier cosa para encontrar a mi padre. Aunque eso me cueste mi propia vida".
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MensajeTema: Capítulo 1.   Lun Feb 13, 2012 3:11 pm

1.3. Salvada por la familia.

Había decidido quedarse unos días más en la isla para así poder proteger a las gentes un poco más de tiempo. Pero no había pensado en una cosa, la marina la estaba buscando y si se quedaba mucho tiempo en un mismo lugar sería un blanco perfecto para ellos.

Al pasar unos cuatro días, mientras bebía en la taberna, se enteró de que la Marina había mandado a uno de sus hombres para capturarla y eso comenzó a asustarla. Al enterarse decidió marcharse, pero ya era demasiado tarde. Al intentar escapar por el puerto se cruzó con Kraven, el Marine enviado para capturara.

Al volver al poblado un re-vendedor, de los que todavía había por la isla, estaba atacando a un anciano. Namida lo único que supo hacer fue protegerlo, por lo que se enfrentó al otro. Venció bajo la atenta mirada de Kraven, que tras vencer comenzó a hablar con ella. Quería llevarla consigo pero ninguna persona del pueblo lo permitió. Todos se congregaron a su alrededor protegiéndola.

Kraven asesinó a un pequeño niño indefenso y eso hizo que la ira de Namida comenzara a nublar su juicio. Tras la primera muerte vino una segunda, un viejecito que había intentado defenderla. “Nadie más va a morir por mí”, pensó.

Una pequeña niña intentó ayudarla, pero Namida le pidió que hiciera algo. Cuando la niña le hizo caso todos esperaron una señal para apartarse y dejarle el camino libre. Una batalla comenzó entre el marine y la pirata, en la que la joven era la clara perdedora. Alguien que se hallaba entre los espectadores salió en su ayuda cuando Kraven iba a dar el golpe de gracia.

Debido a un accidente la joven se enteró de que aquel que la había salvado era su tío, el hermano de su padre. Él la invitó a navegar durante algún tiempo con su gente y Namida aceptó para así, al fin, conocer a su progenitor. Se llevó una desilusión al descubrir que su padre se había separado de su tripulación y que desde hace algún tiempo no sabían nada de él.

Tras enterarse de todo él la había abrazado y le había contado que su padre se llamaba Lyoid. Nueh, como se llamaba su tío, le preguntó si quería acompañarlos. Aunque solo recibió una negativa.

Después de la conversación Namida se fue a dormir, esperando encontrar un buen lugar para desembarcar.
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MensajeTema: Capítulo 2.   Miér Feb 22, 2012 6:29 am

2.1. Un nuevo horizonte.

Namida acababa de llegar a un nuevo punto de su vida y ya se encontraba metida en un lío. El barco de su tío había desembarcado en un pequeño pueblo pesquero y habían entrado a una taberna. Allí había conocido a una joven muy especial y mientras hablaban un chico se había acercado a ellas. Tras un par de piropos todos los de la banda de su tío se le habían lanzado encima y habían comenzado a golpearlo.

Namida los detuvo y se despidió de ellos ya que había decidido continuar su viaje solitariamente. Solo necesitaba un barco para salir de allí. Norcissa, nombre al cual respondía su acompañante, y ella jugaron una partida de dardos y al ver que era buena Namida se confió.

Norcissa la retó a que se jugara su integración en una banda y Namida, totalemte confiada, aceptó. Ambas jugaron y el resultado fue una victoria para Norcissa, por lo que Namida tuvo que ser compañera de la otra.

La chica, de cabellos blancos, la quiso probar, pero Nami se descontroló. Poco después se dio cuenta de que poco a poco podía controlar la fruta. Tendría que entrenar para controlarla por completo. Norcissa indicó un barco para que ambas pudieran escapar, y así, robando unas cajas de comida y bebida, escaparon de la isla.

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