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Comentarios: 10

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 Diario de Sōji.

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MensajeTema: Diario de Sōji.   Jue Feb 23, 2012 11:15 am


Okita Sōji.


~Profesión~
Espadachín.

~Edad~
22 años.

~Raza~
Humano.

~Banda~
Pirata.

~Mar de origen~
South Blue.

~Recompensa~
0 Berries.

~Nivel~
5.

~Berries~
3,000.

~Armas~
Una katana.

Historia:
 

_____________________________
Prólogo

0.0. El inicio de todo.

0.1. ¡Al ladrón!

0.2. Amor a primera vista.


Prólogo

1.0. El nacimiento de Okita Sōji.


Última edición por Okita Souji el Dom Feb 26, 2012 4:02 pm, editado 5 veces
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MensajeTema: Prólogo   Vie Feb 24, 2012 9:22 am

0.0. El inicio de todo.


Aquel día el capitán había decidido desembarcar en la isla que se podía vislumbrar en el horizonte. Era la primera vez que la veían, por ese motivo muchos se quedaron atónitos por la belleza que, a simple vista, mostraba la isla tropical.

Podremos relajarnos unos días, ¿No, capitán? –el segundo de abordo, Okita Rintarō, apoyado en la proa del barco. Rintarō era un joven muchacho de apenas veinticuatro años. Era alto y de complexión fornida, sin exagerar sus músculos. Su piel era de un tono moreno. Su cabello era castaño y corto, siempre despeinado, y sus ojos, verdes como el color del mar, poseían un brillo de travesura permanente.

Había mirado, con una sonrisa, a su capitán mientras terminaba de hablar. Tras la aceptación todos los integrantes de la banda se pusieron a gritar de júbilo.

Llegaron pocas horas después y decidieron que se quedarían el tiempo suficiente como para recuperar sus fuerzas y divertirse, se quedarían un par de semanas. Justo donde habían desembarcado había un pequeño pueblo. Los primeros días se separaron y tan solo se encontraban en la posada que habían pedido, por la noche. Las cosas marchaban a la perfección para Rintarō.

Tras el primer día de descanso continuó con su entrenamiento. Él era un joven espadachín y le gustaba perfeccionarse con sus armas. Siempre solía llevar con él dos katanas, una pertenecía a su familia desde tiempos inmemoriales y la otra la había comprado al comenzar su viaje.


Última edición por Okita Souji el Dom Feb 26, 2012 3:55 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Diario de Sōji.   Dom Feb 26, 2012 3:35 pm

0.1. ¡Al ladrón!


Buscó un buen lugar para poder comenzar a entrenar y lo encontró en un pequeño claro cercano al poblado. Allí comenzó a practicar con el aire. Sus ojos se fijaron en una inmensa roca que había allí y sonrió con socarronería. De un solo movimiento hizo que la roca se abriera, limpiamente, en dos. Pasados unos segundos la katana que portaba en su mano se hizo añicos, cosa que sorprendió al joven espadachín.

Debí haber ejercido menos fuerza en ese ataque –suspiró mientas, con una sonrisa, se llevaba las manos a la nuca–. Ahora tendré que comprar otra katana nueva.

Con tranquilidad se encaminó, de nuevo, al pueblo y buscó alguna tienda de armas. Mucha gente paseaba a su alrededor ya que se encontraba en un pequeño mercadillo. Claramente se podía ver que las personas vendían armas, comida, bebida...

Se podía escuchar a las mujeres y a los hombres gritando para promocionar sus productos, el bullicio de un montón de gente feliz.

¡Al ladrón! –gritó una joven mientras la veía correr hacia él. La chica perseguía a un joven, un poco más alto que ella de cabellos morenos, que entre sus manos llevaba unas cuantas katanas–. ¡Por favor que alguien me ayude!

El castaño suspiró mientras veía al otro llegar hasta él. Cuando lo tuvo cerca lo agarró del brazo y lo obligó a darse la vuelta. La chica había dejado de correr y se acercaba lentamente a ellos. Ella respiró agitadamente por el cansancio y miró a Rintarō a los ojos. El joven se encontró con unos ojos negros y profundos que le agradecían. El chico de ojos verdes arrebató las armas al ladrón y le hizo un ademán para que se marchara.
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MensajeTema: Re: Diario de Sōji.   Dom Feb 26, 2012 3:46 pm

0.2. Amor a primera vista.


Si me entero de que vuelves por aquí –dijo y cayó durante unos segundos que para el otro fueron eternos– te mataré de una forma muy dolorosa.

El moreno comenzó a correr y se alejó de ellos rápidamente, perdiéndose en el horizonte. Tras unos segundos aparecieron un par de chicos que pertenecían a la tripulación de la que era segundo al mando.

¿Qué haces, Rintarō? –pregunta uno de ellos mientras le sonríe.

Ayudaba a una hermosa señorita –suspiró mientras le entregaba las katanas a una sonrojada joven–. Por cierto, tengo que comprar una de estas ahora. Nos vemos después, chicos.

La joven caminó delante y Rintarō la seguía despacio. A unos metros apareció una modesta tienda, entramos en ella y me quedé parado en la entrada. Miré en todas las direcciones buscando lo que quería. Había montones de armas: lanzas, espadas, katanas, pistolas... En una esquina encontré lo que buscaba.

Tomé la katana que más me gustó y fui al mostrador. Allí estaba ella, su nombre era Yamagami Izul. Por primera vez, Rintarō, se fijó en ella bien. Era una joven alta, aunque más baja que él, y esbelta. Sus cabellos eran de un color castaño claro y sus ojos eran azules. Con una sonrisa atendió a su cliente. Un escalofrío recorrió la espalda de Rintarō al sentir las manos de Izul sobre las suyas.

Durante los días venideros los encuentros entre los dos se producían a todas horas, y no eran fortuitos. Él había tenido la necesidad de verla a cada minuto, de esta manera descubrió que lo suyo había sido amor a primera vista. Un día antes de que se marcharan Izul fue al puerto a rogarle que no se marchara. Con los días lo suyo se había hecho algo muy poderoso.
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MensajeTema: Re: Diario de Sōji.   Dom Feb 26, 2012 3:56 pm

1.0. El nacimiento de Okita Sōji.


Sōji nació un lluvioso día en la pequeña isla Berelia, en el South Blue, un año después de la boda de sus padres. Su madre dejó la tienda de su familia en manos de su esposo para poder criar al pequeño y nuevo miembro de la familia Okita. Era un bebé muy callado y pocas veces se le había escuchado llorar.

El tiempo fue pasando poco a poco y el pequeño fue creciendo, sano y saludable. Su madre había vuelto a llevar la tienda y su padre se había comprado un pequeño local en el que había montado un gran dōjō. Al principio tuvo pocos alumnos ya que no era algo tan conocido. Poco a poco la gente comenzó a mandar a sus hijos y el dōjō fue creciendo. Las ganancias del dōjō daban lo suficiente como para vivir y más. Los años pasaron con tranquilidad y cuando Sōji cumplió los nueve años le pidió a su padre que lo dejara entrar en el dōjō.

El hombre hizo que el pequeño prometiera que no se iban, en el dōjō, a tratar como padre e hijo. Se tratarían con sensei y alumno. El niño aceptó y un día después se hallaba entrenando con otros jóvenes. Desde un principio Sōji fue entrenado duramente por su padre. En pocos días el joven superó a muchos de los muchachos que ya llevaban meses e, incluso, a algunos chicos que llevaban practicando años.

Sōji sabía cómo ganarse el cariño de la gente, pero nunca encontró lo que se podía llamar un verdadero amigo. Todos los niños de su edad lo buscaban para que les hiciera de ‘guardaespaldas’. Nadie lo buscaba para jugar, todos querían tenerlo como su defensa personal.

Entrenar se hizo su juego preferido por lo que pocos niños se acercaban a él. Su padre lo continuaba entrenando hasta que, al cumplir los dieciocho años, el alumno superó al maestro. Desde ese momento Sōji se hizo, también, sensei del dōjō.
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MensajeTema: Re: Diario de Sōji.   Jue Mar 01, 2012 9:17 am

1.1. Nos conocemos.


Sōji se había vuelto un joven muy apuesto y de buen talante. Un muchacho aplicado y estudioso. Bastante conocedor del arte de la katana.

Esa mañana, la mañana de su vigésimo cumpleaños, salía de su hogar muy temprano. Tenía un destino no definido ya que no quería encontrarse con nadie en especial. Suspiró mientras caminaba despistado por la enorme calle principal. El sol estaba en todo su esplendor, no había ni una sola nube en el cielo. Las casas se abrían a los lados y Sōji veía pasar el tiempo delante de sus ojos.

Durante un momento sintió un golpe que, al ir despistado, no pudo evitar. Suspiró antes de ver contra quién había chocado y al ver a la joven muchacha en el suelo se sorprendió. Se reprendió a sí mismo, en voz alta, debido a su brutalidad. Una pequeña y melodiosa risita llegó a sus oídos.

No pasa nada –suspiró cuando su risa se agotó. Ella le lanzó una mirada nerviosa, ya que no se había dado cuenta del porte de su acompañante. Sōji estiró su mano y la ayudó a ponerse en pie–. Gracias por la ayuda.

El joven se había quedado embobado con la presencia de la muchacha. Ante la falta de respuesta ella lanzó una nueva risita. Esto hizo que él saliera de su sueño. El joven Okita volvió a pedir disculpas y una idea cruzó por su cabeza.

¿Porqué no me perdonas mientras damos un paseo? –preguntó con una sonrisa mientras colocaba el brazo en la nuca.
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MensajeTema: Re: Diario de Sōji.   Dom Abr 01, 2012 11:09 am

La muchacha sonrió mientras asentía. Ambos chicos comenzaron a caminar juntos y el silencio hizo acto de presencia.

Y dime, ¿Cuál es tu nombre? –cuestionó la joven mientras le mandaba una añil mirada.

Me llamo Sōji... Okita –suspiró. Sin querer habían llegado a orillas del mar. El puerto, en total movimiento, no dejaba de ser bullicioso. Que si posadas por aquí, que si negocios por allá. Que si restaurantes, que si tabernas. No podía haber un solo día tranquilo. Decidido a encontrar algo de paz la tomó por la mano y la llevó a un lugar que solo él conocía. Un lugar al que solo él sabía llegar. Era una gozada ver el mar en calma desde ese lugar, una pequeña cueva escondida de las miradas, un lugar de difícil acceso que él había hallado casi por casualidad.

Es muy bonito ver el mar desde aquí –comentó ella con una sonrisa de lado a lado. Él sintió como algo se removía en su interior al ver su sonrisa.

Sōji se sentó en la orilla de la cueva e internó sus pies en el agua. Los pequeños pececitos pasaban a su alrededor y eso lo hacía sonreír. La chica lo miró durante algún tiempo y él lo sabía. Lo ponía nervioso. Ya era un poco tarde por lo que decidieron volver. Sin darse cuenta habían pasado juntos casi todo el día. La noche se hacía presente cuando llegaron al pueblo.

¿Quieres que te acompañe a tu casa para que no vallas sola? –ella asintió con una sonrisa. Al llegar delante de una floristería la chica se detuvo.

Por cierto, me llamo Yuna –sonrió antes de entrar en su casa. El chico se quedó un poco más en la entrada, hasta que reaccionó y tomó como rumbo su propio hogar.
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MensajeTema: Re: Diario de Sōji.   Mar Abr 03, 2012 7:00 am

Esa misma noche, al llegar a su casa, sus padres lo esperaban en la mesa. El primer pensamiento que había llegado a su mente había sido que algo malo había acontecido en su ausencia. Más su padre lo tranquilizó rápidamente. Cuando él se sentó, a hacer compañía a sus progenitores, su padre le hizo entrega de una katana. Una espada que siempre lo había acompañado. Su padre le explicó que esa espada estaba con su familia desde tiempos inmemorables. El nombre de dicha katana, le había dicho su padre, era Kikuichimonji Norimune.

Él juró nunca separase de dicha arma y protegerla como si fuera parte de su vida.

Habían pasado los días, Berelia parecía más hermosa que nunca. Las cristalinas playas de fina arena estaban pobladas de gente. El verano se hacía presente. Los barcos no dejaban de llegar y eso era un aliciente para el comercio de la isla.

La bella Yuna, algunos días, hacía de dependienta en la tienda de armas de los Okita y Sōji iba a hacerle compañía. Se sentaba en una pequeña silla al lado del mostrador y se pasaban charlando horas. Los días que ella no tenía que trabajar iban a la cueva y se quedaban allí hasta el anochecer.

Una mañana Sōji había sido mandado, por Yuna, a por algo de comer. Tenía que ir hasta el puerto y allí encontrar la tienda. Pasó justo en frente de un barco. Entró en la tienda y compró algo para que ambos pudieran comer. Mientras volvía un hombre, con un saco en su hombro que corría hacia su posición, chocó contra él y sin esperar nada continuó su camino perdiéndose entre la gente del mercadillo.
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MensajeTema: Re: Diario de Sōji.   Mar Abr 03, 2012 8:41 am

Algo brillante en el suelo hizo que desviara su atención, era una daga de las que vendían sus padres. Frunció el ceño y se levantó del suelo. Comenzó a caminar rápido, más rápido cada vez, hasta llegar a correr. Al llegar a la tienda se encontró con Yuna en el suelo y siendo rodeada por un charco de sangre. En su pecho había una daga con un símbolo, y estaba seguro de que no era de los de la tienda.

Entonces recordó al tipo que se había chocado contra él. Aquel sujeto llevaba el mismo símbolo en su cinturón. Tomó la empuñadura de la daga, la extrajo con fuerza, sabiendo ya que su amada estaba muerta, y le hizo la promesa al cadáver de vengar su muerte. En ese momento un montón de personas se aglomeraron alrededor de la puerta. Todos pensaban que él la había matado.

La única forma que tenía de vengarse de aquel tipo era ser igual, o peor, que él. Corrió al puerto, apartando a todos los que lo culpaban de su camino, sabiendo que lo más probable era que se encontrara allí. Al llegar, en la taberna, pudo escuchar claramente las risas y gritos de un montón de hombres. Entró y se colocó en la barra. El camarero le saludó, sabiendo ya quién era. El chico miró a su alrededor y vio, justo a su lado, al hombre contra el que había chocado. En su hombro se hallaba impreso el mismo símbolo de la daga.

Con furia clavó el puñal en la barra y su acompañante lo miró con frialdad. Una sonrisa maliciosa apareció en los labios del bucanero.

Es tuya, ¿Verdad? –preguntó Sōji mientras mantenía la empuñadura firmemente agarrada.

Creo que sí –comentó sin borrar la sonrisa.

Con agilidad la levantó e hizo que cayera en picado sobre los dedos, estirados sobre la barra, del pirata. Un grito de dolor escapó de él y todos miraron a Okita con los ojos extremadamente abiertos.

Juro que si alguien se mueve le encajo mi arma en la boca –suspiró el chico con furia–. Eso va por todos.

Tras su severa amenaza nadie movió ni un solo dedo. La sangre salpicó el cuerpo de Sōji cuando con su propia arma perforó el pecho del pirata y amenazó a los restantes.

Huyó, no sabía hacia donde, pero se marchó de ahí escondido en un pequeño buque mercante. No tenía el valor de regresar a su casa después de lo que había ocurrido. Su aventura empezaba ahora.
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