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 Calor de Muerte

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Scott Anderson
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MensajeTema: Calor de Muerte   Jue Dic 01, 2011 8:32 am

"Soy Scott Anderson, de profesión médico. La verdad es que mi historia no ha sido ni trágica ni perfecta, yo nací en algún lugar del North Blue, pero no se exactamente donde. Mis padres se llamaban Thomas y Jill, eran ricos, muy ricos. Papá era médico, tenía siempre mucho trabajo y no podía disponer de tiempo libre ni siquiera para su familia, pero yo lo entendía. Mi madre era una científica brillante y como tal, tampoco tenía muchas horas de descanso.
Los demás niños se me acercaban para jugar conmigo, pero yo sabía que no venían por mí sino por mi dinero. No lo podían evitar, yo los comprendía. Pero recuerdo que un día estaba yo paseando por la playa cuando me topé con un barco muy bonito que parecía abandonado a juzgar por los daños que habían en su superficie de madera. Decidí llevármelo a casa pero no sabía cómo. Mientras pensaba un anciano barbudo vestido con ropas un poco gastadas salió del navío tambaleante y se cayó a mis pies. Se trataba de un aventurero de verdad, yo le busqué comida y agua y al día siguiente comenzó a contarme aquellas historias, aquellas maravillosas historias que a mí me parecían imposibles, pero tan reales que resultaba difícil dejar de escucharlas. Me decía que había navegado mucho por el Grand Line, que había visto sirenas, gigantes, piratas y grandes ejércitos de marines. Me contaba cosas acerca de las Akuma no mi que según él existían pero que mi razonable cerebro negaba su existencia. Pero llegó un día, en el que un científico de prestigio visitó nuestra isla. Se hacía llamar El Maestro, y trabajaba para la marina en una base submarina poco conocida. Mis padres decidieron que yo debía convertirme en su discípulo para convertirme en alguien en un futuro, y El Maestro me aceptó como su pupilo. Él me llevó a su base en el East Blue y me inculcó el amor por la medicina; personalmente a mí me gustaban más las patologías, aquella rama de la medicina que se encargaba de estudiar las enfermedades era muy interesante: los virus, los protozoos, los priones... El estudio de todas esas cosas me hacían a mí sentirme como un verdadero sabio médico. Pero años después, cometí el peor error de mi vida, y huyendo otra vez al North Blue me convertí en un criminal, en un pirata.
Hay gente que dice que los piratas son los únicos que son realmente libres, pero mi opinión es justo la contraria, para un pirata, el mar es su hogar, y a su vez su cruz. Y además, ¿cómo se puede ser libre si eres un enemigo de la justicia?
Yo tengo un sueño, y ese sueño consiste en convertirme en alguien recordado por la historia, pero no ansío ser rememorado como un vulgar criminal, si no como alguien que hizo algo por el mundo, algo grande y sin esperar palabras de agradecimiento. Pero antes, debo limpiar mi nombre, y para ello recorreré el mundo entero si hace falta. Yo nací para ayudar a la gente y cumpliré mi misión en este mundo, o pereceré en el intento."


De repente un infernal calor despertó a Scott de su sueño, inexplicablemente había soñado con su vida. Él se hallaba tumbado encima de su nueva barca vestido con su traje de color azul que se había ensuciado considerablemente abrazando con sus manos el baúl que contenía en su interior un gran tesoro: Una nuez de Belcebú.

El médico estaba sudando mucho y le rugían las tripas, así que abrió los ojos para encontrase ante sus ojos una isla de color carmesí, de la cual sobresalía un gran cono volcánico que expulsaba lava en pequeñas cantidades de vez en cuando. A pesar de la extraña temperatura, crecía en aquellas tierras abundante vegetación.

Anderson supo en ese momento que debía encontrar un lugar para esconder su barca pues los materiales que formaban parte de ella estaban empezando a estropearse por el calor.

-Vaya, vaya. Deben de haber aquí más de 50 ºC.- Dijo el pirata quitándose la chaqueta y abriéndose la camisa.

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Última edición por Scott Anderson el Jue Dic 01, 2011 2:22 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Calor de Muerte   Jue Dic 01, 2011 1:29 pm

Scott Anderson decidió buscar algún sitio donde esconder la barca del calor infernal, así que empezó a buscar y encontró una cueva enorme del mismo color que la isla donde hacía frío. Aquella sensación que experimentó el médico al cambiar de temperatura tan bruscamente le resultó placentera, ya que personalmente prefería el frío al calor en proporciones kilométricas.

Tras colocar la barca en su nuevo refugio, procedió a lavar sus ropas con un poco de jabón que tenía en el botiquín. Después colocó sus prendas en el exterior y en poco tiempo ya estaba seca pero con algunas arrugas. Scott entonces se bañó en las tibias aguas de la isla para quitarse también la suciedad de su cuerpo. Cuando terminó, se vistió con su camisa de color rojo a la que le desabrochó algunos botones, con sus pantalones de traje azules y con sus zapatos de punta negros. Al mismo tiempo se colocó sus gafas en la frente.El pirata se disponía a explorar aquella isla a la que había llegado en busca de comida para su estómago que no paraba de quejarse con ruidos que se asemejaban a los gruñidos de un cerdo afónico.

La isla parecía estar completamente deshabitada, como ya se mencionó antes, la tierra era de color carmesí y por lo muy raro que pareciese, crecía vegetación de color azul o verde. Aparentaba la ínsula ser de grandes dimensiones, y su volcán parecía estar a punto de erupcionar de un momento a otro. Si habían frutas en algún lugar, Scott no las supo apreciar.

Se oían en la lejanía sonidos extraños, que probablemente provenían de animales asustados. En ese mismo momento, el pirata percibió un movimiento a sus espaldas y se volvió con un bisturí en mano. Delante de él había una pequeña figura humanoide peluda. Se trataba de un humano, pero tenía algo raro que saltaba a la vista, a parte de tener poco tamaño, su piel estaba pigmentada de un color rojo oscuro y una gran melena blanca que le cubría toda la espalda hacía combo con su barba gigante también blanca. Aquella criatura portaba una lanza en su mano derecha y vestía con un taparrabos confeccionado con piel animal. Un afilado cuerno asomaba por su pequeña cabeza.

Cuando Scott se disponía a abrir su boca, el extraño ser se puso a correr como un gamo. Así que por simple curiosidad el pirata lo siguió hasta llegar a un claro donde habían millones de esos humanos raritos de diversos tamaños, pero todos con su barba y su cuerno. Tenían todos ellos una mirada amenazante, pero cuando al médico le volvieron a sonar las tripas todas aquellas criaturas comenzaron a reírse como hienas.

-¿Pero bueno, ¿qué sois?- Se preguntó un desconcertado Scott. -¿Y dónde estoy?-

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MensajeTema: Re: Calor de Muerte   Jue Dic 01, 2011 2:21 pm

Aquellos seres produjeron silbidos similares a los de un pájaro que intercambiaron entre ellos. Scott supuso que se estaban comunicando. Luego le miraron a él a los ojos y le silbaron algo que obviamente no había quien lo entendiera.

-Lo siento, no os entiendo nada.- Se excusó el pirata.

Y otra vez volvieron a hablar entre ellos aquellas figuras humanoides mediante su lenguaje de silbidos, esta vez también hicieron varios gestos tan raros que Anderson creyó que los habitantes de la isla del calor infernal eran retrasados mentales. Lo imprevisto fue que en un punto de su indescifrable conversación cambiaron sus silbos por palabras, y ofreciéndole al médico un plato amorfo de cerámica que contenía una sustancia blanda y blanquecina que aparentaba ser comestible, le preguntaron (o eso es lo que daba la sensación):

-Ar ehr tratenu ar?.-

-¿Queréis que me lo coma?- Preguntó a su vez el desconcertado Scott.

-Ar' un tau ar.- Dijeron los nativos.

Anderson aunque no entendió ni una palabra de lo que dijeron comenzó a comer a una velocidad supersónica. El alimento sabía bien, a fresas azucaradas con nata y helado de cereza. Además era muy refrescante, tan refrescante que la sequedad de boca que tenía desde su llegada a la isla desapareció enseguida.

-Vosotros decís mucho "ar".- Dijo el pirata. -Os llamaré los "Arisleños".-

Así es como Scott congenió con aquellos simpáticos seres primitivos, mientras los arisleños le daban cobijo y comida al médico, él se encargaba de tratar a los enfermos.
Pero no todo fue de perlas en aquella isla, porque al cabo de unos días llegaron dos barcos a la costa. Uno de ellos era de tamaño mediano y estaba construido con madera negra, en sus banderas había un dibujo de dos espadas entrecruzadas. La otra embarcación era exageradamente gigantesca, aproximadamente medía 33 metros de alto y 223.70 metros de largo, estaba construida con madera probablemente muy cara y resistente y estaba lujosamente decorado con oro, plata y pintura de color azul y roja impermeable, en sus banderas había un escudo de armas de una familia noble.

Aquella llegada no sería más que el comienzo de un gran problema para Scott Anderson "El Asesino Médico".

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MensajeTema: Re: Calor de Muerte   Jue Dic 01, 2011 3:24 pm

Nada más llegar los barcos a la isla, unos hombres vestidos con ropas negras y con chalecos, rodilleras, cascos y guantes sin dedos verdes bajaron a tierra inmediatamente desde el barco negro. Iban armados con escopetas y pistolas enfundadas en sus espaldas y cinturas. Rápidamente se internaron en la selva de la isla carmesí. Nadie se percató de la presencia de nuevos invitados excepto Scott, pero éste se dio cuenta horas más tarde, justo cuando se disponía a comprobar el estado de su barca. La cara de sorpresa que puso al ver los dos barcos fue enorme.

Antes que nada se embarcó en el navío de mayor tamaño, pues obviamente resaltaba cien veces más que su negro acompañante mucho más modesto. El barco aparentaba estar vacío, no había nadie en la cubierta superior decorada con preciosas florituras propias de un gran artista escultor. El suelo de madera brillaba como los chorros del oro y el timón del buque brillaba pero por estar fabricado de caoba rojiza y tener incrustaciones de rubíes, zafiros, oro y bronce.
Sin embargo, cuando el pirata encontró una entrada al interior de la embarcación se quedó más maravillado todavía, puesto que sus pasillos eran de color azul claro con adornamientos tales como guirnaldas, muebles caros, árboles genealógicos dibujados en numerosos cuadros, grandes mapas que representaban el North Blue colgados en la pared...

En aquellos grandes mapas estaba representada la isla de los arisleños, al parecer el verdadero nombre del islote era Firedars y en algunos documentos que estaban cuidadosamente depositados sobre la mesa se podía leer que era un lugar inexplorado por el ser humano porque resultaba difícil entablar amistad con los habitantes.

-Pues vaya mala suerte habéis tenido señores nobles porque a mí no me ha costado nada entablar amistad con ellos.- Dijo Scott Anderson.

Pero casi de inmediato fijó su atención en un párrafo donde rezaba:

" Nosotros, los nobles, necesitamos mayordomos, esclavos y guardaespaldas superiores a cualquier plebeyo de clase inferior, es por ello que hemos decidido capturar a varios nativos de la isla Firedars por tener la fuerza, la resistencia y la disciplina que ningún humano podrá soñar jamás. Para realizar la captura hemos contratado a varios mercenarios profesionales expertos en armas de fuego para combatir si se precisa a los atrasados habitantes..."

-¿Qué haces tú aquí?- Dijo una voz desconocida que se dirigía a Scott. Se trataba de un mercenario que le apuntaba a la cara con una pistola de última generación creada en el South Blue. El pirata se volvió a él con las manos en alto.

-No dispare.- Contestó. -Si no me mata le pagaré muy bien.-

-¿Ah sí? ¿Con qué?-

-¿Le parece bien una Akuma no mi?-

-No trates de engañarme, no tienes nada parecido.-

-Claro que sí, le mostraré el camino si me deja.-

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MensajeTema: Re: Calor de Muerte   Jue Dic 01, 2011 3:45 pm

Scott convenció finalmente al mercenario y le llevó a donde se encontraba su bote. El mercenario abrió los ojos como platos y cogió la Akuma no mi del cofre. Había soñado toda su vida con obtener los poderes de una fruta del diablo algún buen día, aquel era su momento. Cuando estuvo a punto de morder aquella nuez de Belcebú sucedieron dos cosas. La primera cosa que sucedió fue que se acordó de algo, más bien de alguien. Y la segunda cosa que sucedió fue que ese alguien había sacado sus dos bisturíes y estaba realizando su Bistoury Combo delante de sus narices.

El Bistoury Combo consiste en la realización de tres cortes rápidos en el contrincante. En esa ocasión Scott realizó el primer corte en diagonal ascendente en la espalda de su adversario con su bisturí de la mano derecha mientras que la hoja del bisturí de su mano izquierda se encontraba colocada hacia abajo preparada para el segundo golpe, que precisamente fue realizado horizontalmente también en la espalda del mercenario. La última incisión fue concluida con una clavada del bisturí derecho en el enemigo.

El mercenario jadeó y se tambaleó dejando caer la fruta del diablo dentro del cofre, realmente él se hallaba completamente bien, o casi. Entre su armamento estaba incluido un chaleco verde antibalas, que de algún modo le había protegido de los letales cortes, pero no de los impactos. Se dio la vuelta y disparó tres tiros al insolente desconocido de la camisa roja.

Scott trató de esquivar los tiros de su enemigo, pero una bala le impactó en el brazo derecho, dejándole una gran herida de la que no cesaba de manar sangre. El médico ya no podía forzar su miembro dañado, así que realizó otro Bistoury Combo pero esta vez usando sólo un brazo e intentando hacer cortes más profundos.

El mercenario soltó una carcajada y golpeó al pirata con la empuñadura de su arma en la cabeza, él iba a terminar con esto rápidamente, no disponía de tiempo para combatir con alguien que ya había perdido la batalla.

El golpe dejó a Scott al borde de desmayarse, sin embargo reunió fuerzas donde no las había y realizó otro de sus ataques, la Dokuso de Conotoxina. Así que para ello agarró la ampolla de cristal que tenía guardada en una bolsita amarrada a su cinturón negro de cuero bien segura y la lanzó encima del mercenario, que sorprendido cayó en la trampa de toxinas y quedó temporalmente paralizado. El médico sabía que tenía sólo 20 segundos para acabar el combate o si no sería su final. Su último golpe tenía que ser certero y letal, pero no pudo ser así porque lo único que pudo hacer fue empujar a su contrincante al agua de la cueva.

Después de esto, Scott se desplomó en el suelo agotado por el esfuerzo.


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MensajeTema: Re: Calor de Muerte   Jue Dic 01, 2011 5:29 pm

Scott despertó en una camilla de hospital, tenía el brazo vendado y se encontraba vestido completamente con su traje azul, que estaba limpio, bien planchado y sin sangre. La sala en la que se encontraba era rectangular y estaba tapizada con tonos azules y dorados. El médico trató de incorporarse pero noto algo pesado en sus manos.

-¿Qué demonios...?.- Comenzó a decir pero se calló al ver que se encontraba encadenado y con alguien vigilándole. La otra persona que había en la sala era un mercenario que le dijo:

-Buenas tardes señor Anderson, se habrá dado cuenta de que le vamos a entregar a la marina, espero. Bueno, voy a resumirle lo que le tengo que anunciarle: Está atrapado en el barco de los nobles junto con los nuevos esclavos procedentes de la Isla de Firedars, sus armas están confiscadas y va a pasar el resto de su vida en prisión, creo yo.- Dijo en un tono despectivo. -Así que nada, sienta cómo la Justicia se acerca a usted, poco a poco.-

Aprovechando que el mercenario se había acercado demasiado a su camilla, Scott le agarró el cuello con sus dos piernas y le dejó inconsciente en el suelo, tirado como una colilla. En ese mismo instante, se oyó un estruendo a lo largo del pasillo y un doctor vestido con una bata blanca entró corriendo en la sala del pirata y sin decirle nada le quitó las cadenas con una llave que tenía. Luego, se fue corriendo como un loco.

-¡Qué raro!, apuesto a que este hombre es aquel que me a curado mis heridas.-

Anderson cogió la escopeta del mercenario caído y comprobó la munición. Habían seis balas, suficiente.
Con el temor a lo que se podría encontrar en el pasillo, Scott abrió la puerta y salió de su prisión improvisada con cautela. En ese momento sonó otro estruendo y aparecieron en el corredor veinte arisleños que le miraron con desprecio. Uno de ellos le lanzó una lanza con una precisión inalcanzable para un humano, pero el pirata esquivó el tiro y se preguntó por qué lo atacaban sus nuevos amigos. No tuvo tiempo de entenderlo porque uno de esos seres rojos le pegó un puñetazo en el estómago que le hizo volar por los aires literalmente.

-Menuda fuerza tienen estos.- Dijo el médico sorprendido por la increíble fuerza de los arisleños. -De no ser por mi estómago a prueba de bombas yo habría vomitado hasta mi primera papilla.-

Ni bien terminó la frase, diecinueve lanzas fueron lanzadas al mismo tiempo con el objetivo de matar a cierta persona vestida con traje azul. Scott corrió y se introdujo en otra habitación antes de que le hicieran daño de verdad esas armas prehistóricas, pero en aquel cuarto habían otros tres arisleños cabreados que no dudaron en atacarle con piedras que tenían guardadas en sus taparrabos ( menudo asco tongue).

El pirata se las tuvo que ingeniar para llegar sano y salvo a la cubierta del barco de los nobles. Donde habían mercenarios combatiendo contra los nativos barbudos y mayordomos corriendo de un lado para otro con arisleños detrás. Scott disparó a varios mercenarios aún sabiendo que no les haría mucho efecto, pero con tal de darles ventaja a los habitantes de Firedars haría cualquier cosa. Tras atravesar varias puertas más se topó con sus armas que no dudó en recoger. Los arisleños habían conseguido escapar, ahora a él le tocaba tomar el control de la nave para salir de esta situación.

Al fin consiguió encontrar la sala del timón que había visto por primera vez cuando entro a explorar el barco por su cuenta hace unas horas. Pero nada más entrar se topó con un problema: Habían tres mercenarios en la sala, uno de ellos parecía el jefe y tenía la Akuma no mi en la mano. Estaba muy sonriente.

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Última edición por Scott Anderson el Vie Dic 09, 2011 11:54 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Calor de Muerte   Vie Dic 09, 2011 11:52 am

La pequeña sala del timón no era muy amplia, estaba tapizada con tapices rojos con decoraciones doradas y tenía muchas ventanas de cristal que rodeaban la estancia. Algunas de ellas daban al mar.

-Ah, que inesperada sorpresa, pirata. Se preguntará qué ocurrió exactamente después de haberse desmayado ¿no?. - Dijo el jefazo, pero al ver que Scott no contestaba prosiguió su discurso. -Pues bien, ya ve que hemos capturado a todos esos pesados habitantes de Firedars para convertirlos en esclavos de los nobles. Justo después de encarcelarnos nos dimos cuenta de que faltaba uno de nuestros camaradas, y como no, lo encontramos tirado sin sentido en una cueva, el pobre debe de haber estado a punto de ahogarse. Usted estaba apoyado en un muro también inconsciente con un pequeño cofre con una Akuma no mi dentro. Y mira por donde, la tengo aquí mismo y me la voy a comer. Cuando acabe contigo arreglaré el problema que han ocasionado esos rebeldes nativos peludos que se han escapado y me pagarán bien por ello.-

Después de hablar, el mercenario le pegó un mordisco a la fruta del diablo, pero en aquel mismo instante se dio cuenta de algo en lo que no se había fijado antes: Otro mordisco menos reciente que el suyo. En ese instante comprendió lo que había ocurrido al contemplar la sonrisa del pirata durante unos breves segundos. Antes de desmayarse, Scott había mordido la Akuma no mi, convirtiéndose así en el verdadero usuario de la Shotto-Shotto no mi.

Tirando la nuez de Belcebú al suelo con rabia, el jefe mercenario sacó su pistola personalizada y disparó con gran puntería al brazo derecho del pirata, que gritando dijo que ya era la segunda vez que le jorobaban su brazo en lo que iba de día.

Scott después de recibir la bala y de gritar como un niño pequeño tiró sus dos últimas Dokuso a los contrincantes que se hallaban a su izquierda y a su derecha, que quedaron desconcertados los primeros cinco segundos tras el impacto, y luego paralizados.

El mercenario sano le disparó en ese instante con la escopeta que había estado cargando mientras duraba el ataque del pirata. Los proyectiles le dieron a Anderson en pleno pecho. Lo cual dio origen a más sangre y a más gritos combinados con algún que otro insulto.

El Asesino Médico se hallaba ya muy débil, solo tenía una oportunidad para salir airoso de aquella situación, tenía que calcular con precisión sus últimos movimientos y evitar morir resistiendo las cinco balas que le habían disparado en tan poco tiempo. Así que dando una voltereta hacia su atacante, sacó sus bisturíes y cortó como alma que lleva el diablo en todas las direcciones posibles y como último golpe de gracia, empujó al jefe esclavista a una ventana que daba de casualidad al mar. Pero no había acabado todo, quedaban como mucho cinco segundos para que los dos paralizados recobrasen su movilidad y entonces sería el final de Scott Anderson.
A continuación lo que hizo el médico no fue original ni guay: Los empujó también a las ventanas que daban al mar. Tras ese esfuerzo, sus fuerzas flaquearon y cayó al suelo, cerrando los ojos.

A la mañana siguiente el pirata despertó sudando por el intenso calor en Firedars junto al doctor que le había librado de sus cadenas en el barco de lujo. Scott se hallaba más vendado que antes y vislumbró el buque donde había sido prisionero amarrado en la playa.

-Buenos días, ya era hora de que despertaras.- Dijo el doctor.

-¿Qué ha ocurrido?- Preguntó Scott con dificultad.

-No hables, aún estás un tanto débil. Te lo explicaré todo pero no hables.- Contestó el extraño hombre. -El dueño de ese buque que ves ahí es un noble que viajaba con su tripulación en busca de nuevos esclavos, la tripulación estaba formada por tres mayordomos, una docena de mercenarios (que viajaban en el barco negro) y por mí. Yo era el médico de a bordo. Los planes salieron como nuestro capitán quería, sin embargo, te capturaron a ti y me mandaron a curar tus heridas para entregarte sano a la marina en alguna isla. No nos entregarían 2.700.000 berris por un pirata muerto, a ellos les gusta interrogar a los criminales, como ya sabrás. Bueno, pero en medio de la travesía los nuevos esclavos se escaparon y armaron una revuelta que pilló desprevenidos a los mercenarios. Los mercenarios son más poderosos y tienen más tecnología, pero en ese instante no se esperaban una fuga de ese calibre y eso les dio desventaja. Sí, los mercenarios acabaron derrotados por esos seres primitivos. El capitán noble me ordenó que te desencadenara para que distrajeses a los esclavistas mientras él huía con él único bote de salvamento, pues ya estaba todo perdido. A mí me dejó tirado en el barco y es así como te encontré. Te he curado a ti y a los mercenarios que supervivientes y he llevado a Firedars a los esclavos (sé algo de navegación). Total, ya no tengo un noble dándome órdenes. En cuanto te recuperes te recomiendo que te vayas de esta isla en tu bote, no me parecería extraño que el noble enviase aquí a la marina para encontrarte y para recuperar su buque.-

Dicho esto se marchó a atender otros asuntos, Scott, tras reflexionar un poco pensó:

"Esto de vivir como un pirata parece divertido con tanta aventura, tal vez..."

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