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 El diario de Scott

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Scott Anderson
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MensajeTema: El diario de Scott   Dom Nov 27, 2011 10:02 am

DIARIO DE SCOTT ANDERSON




Datos



Nombre: Scott Anderson
Apodo: El asesino médico
Profesión: Médico-Espadachín
Edad: 19 años
Clase: Humano
Akuma no mi: Shotto-Shotto no mi
Banda: Antes pirata, ahora marine
Mar de origen: North Blue
Haki: Ninguno

Spoiler:
 
Historia:
Spoiler:
 

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

ÍNDICE


Vida como pirata:

Prólogo:

-Parte 1

-Parte 2

-Parte 3

-Parte 4

El Scott de las chatarras (Misión 1)

Calor de muerte (Misión 2)

¿Quién mandó a Norland mentir? (Misión 3)

El fin de un comienzo (Misión 4)

Vida como marine:

Parece que me odian (Misión 5)

El loro y el ex-pirata, combinación justiciera (Misión 6 con Poly y Rebo)

Encuentro en Loguetown (Rol conjunto con varios usuarios)

La vida de Scott Anderson continúa. La obtención de una gran habilidad (Obtención de Soru (剃))

¿Y qué pasó al final con Scott? (Rol con Erza Scarlet)

Fantasmas del pasado (Rol con Erza Scarlet en pasado)

Promesas inconclusas (Rol con Erza Scarlet en pasado cercano)

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Última edición por Scott Anderson el Mar Oct 30, 2012 4:10 pm, editado 18 veces
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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Dom Nov 27, 2011 10:08 am

PRÓLOGO


Parte 1

-Solamente a mí se me ocurre venir a descansar a Loguetown- soltó para sí mismo el jadeante Scott que se encontraba en esos mismos instantes corriendo como nunca lo había hecho en toda su vida.

Tenía como cuarenta marines persiguiéndole detrás desde que desembarcó en Loguetown. Scott había llegado a la isla hacía ya una media hora en un barco de mercancías como un polizón con la intención de pasar desapercibido ya que aquella isla estaba en esos instantes llena de piratas que venían a abastecerse de suministros antes de entrar en el Grand Line.

-¡Oigan! ¿No se cansan ustedes de perseguirme?, es que ya me estáis resultando realmente molestos.- Gritó Scott a sus incansables perseguidores.

Los marines en contestación le dispararon pero el tiro fue fácilmente esquivado por Anderson. la verdad es que estaban todos agotados y pensaban ya en rendirse e irse a tomar un par de buenas cervezas, pero tenían que perseguir a aquel maldito pirata que no cesaba de correr. Esa era su profesión.

Mientras tanto Scott buscaba rápidamente un lugar donde refugiarse y divisó pronto una estrecha callejuela por donde se introdujo. A continuación observó que al cruzar la callejuela había un pequeño patio con escaleras que llevaban a la azotea de las casas. Anderson no lo dudó y las subió.

-Espera un segundo... No oigo a los marines-

En efecto, estaba ya a salvo, así que se escabulló en el primer bar que encontró y pidió que le sirviesen siete vasos llenos de agua hasta arriba.


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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Dom Nov 27, 2011 10:08 am

Parte 2

-Soy una persona buscada por la justicia por culpa de aquel tonto accidente- dijo Scott otra vez para sí mismo pensando en las futuras carreras que le tocaría hacer, dada a su tendencia a terminar siendo perseguido por marines cada vez que tocaba tierra.

-Todo por aquel accidente-

FLASHBACK

Base submarina de la marina
Dos años antes
5:10 pm


-¡Ey! Scott, tengo una idea para enorgullecerle.- decía otro joven con una gran bata blanca a su mejor amigo.

-¿Enorgullecer a quién, a El Maestro?- contestó un joven de unos 17 años, pelo de color azul, con unas gafas turquesas y con una bata de color añil bien planchada. Ese joven era Scott un año antes de la tragedia.

-Sí, al mismo.-

-Venga, cuenta.-

-Por supuesto, mira, ¿qué tal si hacemos un experimento creando una bacteria poderosa y después sintetizando su cura?, así podremos demostrar que no somos unos bebés en el campo de la medicina.-

-Suena divertido, pero es peligroso y es una gran locura. Si "eso" se nos escapara antes de elaborar una cura, la catástrofe sería gorda.-

-Bien, vale, pues tómatelo como un pasatiempo. Posiblemente si hacemos ese experimento podremos ganarnos el respeto que nos merecemos. Por favor, hazlo por mí al menos, ayúdame, solo no puedo.- Dijo con un aire de súplica.

-Bueno, vale, pero si el experimento se nos va de las manos, abortaremos la investigación.- Terminó soltando Scott.

-¡Gracias, Scott, comenzaremos mañana en la hora libre! ¿Ok?- Dicho esto se marchó corriendo el amigo de Anderson pegando brincos de excitación.

Spoiler:
 


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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Dom Nov 27, 2011 10:09 am

Parte 3

Varios meses después de comenzar el proyecto entre Scott y su mejor amigo, la bacteria que habían utilizado, la Escherichia Coli, había adquirido un montón de extrañas características al haber sido expuesta a innumerables factores que sus dueños habían planeado previamente y detenidamente. La bacteria estaba acabada, pero la cura en cambio, no.

-La E-Coli modificada ha adquirido propiedades de otras enfermedades, cuando encontremos la cura, nuestra investigación servirá para la posteridad ¿no crees?.- dijo Scott que ahora tenía 18 años.

-Es totalmente cierto, estamos haciendo historia y tan solo somos dos estudiantes de medicina. Debemos de ser genios.- Comentó el nervioso compañero de Anderson.-

El proyecto estaba casi acabado, en cuanto encontrasen el último componente para la cura, sorprenderían al mundo entero. De repente, llamaron a Scott por megafonía al despacho de El Maestro. El nervioso Anderson acudió al lugar indicado, aunque admirase a su tutor por enseñarle todo lo que sabía, le tenía miedo, un miedo que nunca comprendería.

-Buenas tardes, Scott. Vengo a pedirte un favor.- Dijo el anciano con una voz ronca.

-¿De qué se trata?-

-Un marine aprendiz de esta base se ha puesto enfermo y para curarle necesito un ingrediente que sólo se puede obtener en una isla no muy lejos de aquí. Necesito que me lo traigas. Las indicaciones que necesitas se encuentran en este papel.- Dijo mientras le tendía una hoja.

Unas horas después Scott se encontraba bajo el mar, en un pequeño submarino de la marina junto con un escolta que le acompañaba por si acaso. Estaban muy cerca de la isla destino cuando sonó el característico sonido de un Den Den Mushi.

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Dom Nov 27, 2011 10:09 am

Parte 4

El escolta atendió a la llamada y se quedó pálido, contestó que lo haría y colgó. A continuación se acercó a Scott por detrás mientras este se hallaba controlando el submarino y le agarró el cuello mientras buscaba unas esposas en su bolsillo, Anderson sobresaltado le pegó una patada y cuando consiguió librarse de su atacante sacó de sus bolsillos sus armas: Los dos bisturíes de gran tamaño. El escolta trató de atacarle de nuevo pero Scott le apuñaló en el pecho con una de sus armas. Entonces este se cayó al suelo sangrando abundantemente. Anderson corrió para buscarle el pulso, pero no lo encontró.

-Dios mío, he matado.- murmuró con su tez pálida.

Lo que realmente había sucedido era que en un descuido, el compañero de trabajo de Scott rompió la ampolla donde se almacenaba la bacteria modificada y en menos de 10 minutos los síntomas de la enfermedad hicieron acto de presencia en toda la base submarina. Como el frasco con la plaga letal se encontraba en el dormitorio del estudiante de medicina Scott Anderson, se le señaló a él como único culpable de la fuga de la enfermedad. Al escolta le comunicaron lo ocurrido y le dieron la orden de apresar a Scott con el fin de juzgarle, pero no pudo cumplir su misión.

Un buque encontró el cadáver del escolta semi-enterrado en la arena de una isla. Con respecto a la bacteria, la e-coli modificada fue tan letal que acabó con más de la mitad de los miembros de la base que de antaño había sido el hogar de Scott. Al parecer, la enfermedad era letal para todo el mundo excepto para los miembros del grupo sanguíneo 0. El Maestro falleció por culpa de aquel brote.

______________________________________________________________________________
Loguetown
Un año después del brote
12:55 am


Scott se había tomado su último vaso de agua y pagando al camarero salió del bar.

-Veamos. ¿Cuál va a ser mi próximo destino?-

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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MensajeTema: Primera misión: Isla Desechos   Sáb Dic 10, 2011 8:58 am

El Scott de las chatarras

Era una mañana tranquila como cualquier otra mañana en un pueblo, la gente salía de las casas a comprar el pan del día y a charlar tranquilamente Todo aparentaba estar en calma hasta que se oyó un grito proveniente del bosque de la pacífica isla, igualmente se podía escuchar el ruido de detonaciones y alguna que otra palabrota pronunciada en voz extremadamente alta.

-¡¡¡Socorro!!!- Dijo un joven de 19 años de cabello azul y vestido con un elegante traje también de color azul. Era sin duda la persona que había lanzado el primer grito. Detrás tenía a veinte marines persiguiéndole como posesos.

-¡Todos a por él, si lo capturamos hoy podremos tomarnos todas las "birras" que queramos!- bramó el marine que se encontraba más cerca de Scott Anderson, el Asesino Médico.

Una hora después de estar persiguiendo a una persona que corre más que un afortunado al que le han dicho que ha ganado la lotería y que si quiere el premio tiene que ir a buscarlo personalmente a la oficina de correos es agotador, muy agotador, tanto que de veinte marines que perseguían a un pirata bien vestido y pijo solo quedaron dos, que a la mañana siguiente se despertarían con numerosas agujetas.

-Un muelle. ¡Qué suerte!, además hay un gigantesco barco de chatarra en el que me esconderé.- Murmuró para sí mismo el sudado y jadeante Scott.

Y así fue, Anderson se escondió en aquel barco de chatarra que se hallaba vacío en ese momento. Escuchó a algunos marineros comentar que iban rumbo a la Isla Food. El oculto pirata pensó que era afortunado, que iba a ir a una isla repleta de comida y posiblemente muy rica...

Los marineros igualmente comentaron que aquella isla había perdido su esplendor hacía ya tiempo, pero el Asesino Médico estaba demasiado ocupado pensando en gigantescas pizzas, deliciosos helados de tres bolas, curry, todo el "sake" del mundo, restaurantes lujosamente decorados y camareras guapas.

La tremenda decepción que invadiría a Scott pasadas unas tres horas sería drásticamente grande...

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Última edición por Scott Anderson el Sáb Dic 10, 2011 9:07 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 8:59 am

Durante el viaje en el barco de chatarra, Scott había tenido un montón de tiempo para explorar el navío sin que nadie sospechara su presencia en él. Al parecer, se dirigían a la Isla Food para recoger los valiosos restos de antiguos y no tan antiguos buques, carabelas, barcas etcétera etcétera, eso explicaría el porqué la gran embarcación donde se encontraba se hallaba completamente vacía.

-Oye, ¿has visto por casualidad mi cantimplora de agua?, es que me parece que me la han robado.¡Y encima era nueva!- dijo un marinero obeso a otro más delgado.

-No. Por cierto, a mí también me ha desaparecido algo: mi comida. Cuando me disponía a llenar la tripa me entraron ganas de ir al baño y cuando volví, el plato había desparecido.- Contestó el marinero delgado.

-¡Es que tenía hambre y sed, no he comido desde ayer por la tarde!- Dijo para sus adentros Scott que estaba en aquellos momentos bien escondido dentro de un ancho conducto de ventilación siguiendo la conversación de los marineros con interés mientras sujetaba una cantimplora verde vacía y un plato también vacío con sus respectivos cubiertos.

-¡Atención a todos los tripulantes, hemos llagado a la Isla Food!- Dijo por megafonía alguien.

Segundos después el polizón pirata se hallaba en tierra con la boca caída hasta el suelo tras haber visto el escenario que se hallaba ante sus ojos.

-¿De veras que ésto es la Isla Food?-

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:00 am

Scott seguía con la mirada fija ante la isla con cara de póquer. La Isla Food era un islote de pequeño tamaño con una vegetación que solo alcanzaba los treinta centímetros, más de la mitad del terreno de aquella ínsula estaba repleta de chatarra, tales como cañones oxidados o gigantescos navíos abandonados por sus numerosas grietas y roturas.

El médico sonrió para sus adentros, al fin y al cabo, se le había ocurrido una gran idea, que consistía en rebuscar entre los escombros hasta encontrar una barca con la que viajar por el North Blue, ya que había oído en el barco chatarrero que después de recoger lo que necesitaban volverían a la isla donde hacía unas horas Scott estaba siendo perseguido por la justicia. Y a Anderson no le hacía ninguna gracia volver al muelle y encontrarse a los marines esperándole con los brazos cruzados y con refuerzos.

-Pues nada, a buscar se ha dicho.-

Cinco horas después de buscar y buscar, el pirata se dio cuenta de que le dolían los brazos y estaba cansado, así que decidió empezar a explorar la Isla Food para encontrar algún sitio donde pasar la noche. De repente, de una montaña de chatarra salió una niña harapienta que preguntó a el forastero:

-¿Qué haces?-

-¡Madre mía!, qué susto me has dado... Un momento... Si tú estás aquí, entonces... ¿Está isla está habitada?-

-Pues claro.-

-¿Y donde está tu gente?-

-Mi madre me dijo que no debo hablar con desconocidos-

-¡Pero si estamos hablando y tú has empezado!-

-...... Tienes razón, te llevaré a mi casa si me contestas a mi pregunta: ¿Qué haces?-

-Busco una embarcación para navegar-

-Emmm... ¿Tú eres tonto?, esto es un cementerio de barcos no una tienda de segunda mano.-

-¿Entonces no hay barcos?-

-¿Qué es para ti un cementerio?-

Aquella conversación se prolongó hasta el anochecer, fue en ese momento en el cual la niña llevó al médico a su casa y le presentó a su familia a "el señor rarito" que había encontrado.

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:00 am

A la mañana siguiente a Scott le rugían las tripas, la familia de la insolente niña le había recibido muy bien, tanto que le habían invitado a cenar. La cena consistía en unas pocas verduras, lo cual hizo que Anderson se preguntara cómo conseguían vivir con tan pocos alimentos.

La primera cosa práctica que realizo el pirata en la Isla Food fue informarse, para ello preguntó a los pueblerinos su historia. Al parecer, de antaño la isla era muy rica y próspera. Los mejores alimentos del mundo se habían encontrado allí, lo cual sumado a la gran habilidad de los cocineros del lugar hacían de la Isla Food un atractivo turístico muy importante. Pero debido a una erupción volcánica horrorosamente letal, aquel terreno que había sido la capital de la mejor gastronomía durante siglos, se sumió en cenizas hacía ya doscientos años. Para colmo, como la fauna y la flora de la zona también habían desaparecido por la misma causa, el islote fue convertido en vertedero y cementerio de todo tipo de barcos.

Scott preguntó también como sobrevivían con tan poco y le contestaron que cada cierto tiempo un barco de chatarra (el mismo que se encontraba en esos momentos amarrado al humilde muelle de la Isla Food) venía a recoger algunos materiales de la isla y que si ellos hacían el trabajo, éstos les recompensaban con dinero o con comida. Anderson decidió entonces conseguir algo de dinero y de paso una barca mediante el método de recogida y entrega que le acababan de explicar.

A lo gente del pueblo no le importó que Scott hiciera también los recados que les proponían los marineros del barco de chatarra siempre y cuando no se acercara a la zona este de la Isla Food. ¿El motivo?, porque en ese lugar habitaba un egoísta que siempre vendía las piezas de los mejores barcos a los chatarreros (las mejores naves siempre acababan abandonadas en la zona este), además, si alguien osaba tocar alguna pieza valiosa de aquella zona, aquel egoísta le disparaba con un pistolón.

Scott comenzó a trabajar aquel mismo día recogiendo escombros, cañones oxidados, madera de buena calidad y un montón de cosas más.


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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:01 am

Después de haberse roto los huesos trabajando como nunca, le entraron a Scott las ganas de explorar la zona este, a ver si era verdad que había un egoísta por aquellos parajes. La zona este en efecto, estaba llena de barcos gigantescos y de gran calidad que dejaron al pirata así: Shocked

-Algún día yo tendré un barco así de lujoso- Dijo Scott, que, como siempre, hablaba consigo mismo en voz alta como si estuviese loco de atar.

El asombrado pirata novato se acercó a un cañón fabricado con oro y en muy buen estado cuando oyó una amenazante voz que le gritó:

-¿Qué haces aquí?-

La voz provenía de un hombre extremadamente flaco de mediana edad, peor vestido que la gente del pueblo, de cabello largo oscuro y de tez morena. En su mano derecha sujetaba una pistola de gran tamaño que apuntaba al pecho de Scott Anderson.

-Ehhh...Soy un forastero, estaba dando un paseo cuando me encontré con estas maravillosas obras de arte que llamaron mi atención.- Dijo con la mejor educación posible el pirata que instintivamente había puesto sus dos manos arriba.

El desconocido no se lo pensó dos veces y disparó como un poseso al desconcertado médico que sin querer esquivó las balas al estilo "matrix":

Spoiler:
 

Lo cual provocó que la columna vertebral de Scott crujiese como una patata frita al ser partida por la mitad.

-¡¡¡Auch!!! ¡Mi espalda!.- Gimió el médico que se hallaba en esos instantes con tal dolor en el espinazo que no podía ni su alma. Aún así huyó corriendo (con la espalda toda torcida pero corriendo) con el pesado del atacante pegándole tiros a diestra y siniestra que no acertaban nunca en el blanco.

Por suerte, Scott encontró un lugar desde donde podía tender una buena trampa a su atacante, y de milagro su plan funcionó, ya que segundos después se encontraba sujetando con fuerza los brazos del desconocido con una mano y poniéndole un bisturí en el cuello con la otra.

-Por favor, no me mates, déjeme explicarle.- Suplicó el hombre.

-Claro que te dejaré explicarte, aún no entiendo porque me disparaste como un demente antes.-


-Bien, esa pistola no es de verdad es de fogueo, compruébelo usted si no me cree.-

Scott lo comprobó y vio que era cierto.

-Así que he esquivado balas con estilo y todo, también casi me rompo la espalda y ahora resulta que los proyectiles ni siquiera existen. Pues menuda faena. Me va a doler esto durante cuatro días seguidos, ya verá.-

-Yo solo disparo a la gente con el objetivo de salvar a mi hijo.-

-Eh, explique eso mejor.-

-Mi hijo enfermó hace tiempo con una enfermedad rara, yo busqué durante años una cura, y cuando estuve a punto de darme por rendido, un viajero vino a mí y me dio un medicamento a cambio de un montón de dinero, me dijo que el remedio era caro y que debía ser aplicado en el enfermo hasta que se curase, también me aseguró que volvería para venderme más tratamiento. Y fue así, sin embargo hace ya un tiempo que me quedé sin blanca y como necesitaba dinero, me adueñé de estas reliquias (que antes eran de todos los habitantes de la isla), para poder vendérsela libremente a los marineros del barco de chatarra a cambio de la "pasta" que necesito para el remedio, me pagan más por que esta "chatarra" de la zona este es de mejor calidad que la del resto de la Isla Food. Como algunos habitantes venían a recoger los restos de estas naves impresionantes, me vi obligado a comprar una pistola de fogueo para amenazarles. Mi hijo sin embargo no mejora nada y me preocupa.- Dijo el hombre desconocido entre lágrimas.

-Está de suerte. Soy médico así que lléveme a su casa a ver a su hijo.-

Spoiler:
 

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:01 am

La casa del hombre desconocido era tan solo una chabola fabricada con materiales de mala calidad y bastante oxidados. Dentro, en una camilla, se hallaba un niño de unos trece años esquelético y con mala pinta. Scott lo examinó detenidamente.

-Está demasiado débil, pero hay solución, aunque antes debo asegurarme de ciertas cosas. ¿Podría darme algunos botes de tratamiento que le dio aquel viajero del que me habló?.- Dijo el pirata dirigiéndose a su ex atacante.

-Por supuesto, señor.-

Al cabo de dos minutos volvió con cuatro tarros repletos de un líquido de color ámbar.

-Aquí están. La última vez le compré estos cuatro botes por si acaso.-

-Gracias.-

Scott examinó los medicamentos con cuidado, los olió y luego se levantó de golpe y dijo mientras se iba que volvería dentro de nada. Quince minutos después ya estaba de vuelta con microscopios y un montón de equipos médicos junto con un montón de frascos con líquidos diversos. El médico trabajó muy rápido.

-Aquí tiene la verdadera cura. Basta con darle tres gotas de este frasquito cada día hasta que se acabe el bote.
El tratamiento que le compraba usted al viajero era falso, contenía un fármaco que no nos sirve para nada y algunas gotas de veneno. Sí, de veneno. ¿A que a veces su hijo mejoraba y luego empeoraba?, eso era porque el timador que le ha estado engañando añadía con sutileza distintas cantidades de veneno en cada bote de "cura" que le vendía.-
Dijo Scott con uno de los frascos que había traído antes en la mano.

El hombre desconocido no se lo podía creer y terminó llorando a los pies de Anderson dándole las gracias y preguntándole si podía hacer algo por el.

-Bueno, necesito una barca pequeña si puede proporcionármela, claro.-

El hombre contestó que sí y le mostró un barca vieja de color azul. Le preguntó como quería llamarla y Scott dijo que la llamaría Medical Boat puesto a que todo el material que trajo para elaborar el remedio para el hijo del desconocido lo colocó dentro de un botiquín que a su vez colocó en la barca.

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:02 am

El pirata pasó algunos días más en la isla para comprobar si el enfermo mejoraba. Por suerte, así fue, y entonces Scott comprendió que su trabajo en aquel lugar había llegado a su fin. Así que se despidió de toda la gente del pueblo y les deseó suerte. Los pueblerinos además entendieron la situación por la que había estado pasando el "egoísta" y le perdonaron.
Aquel mismo día en el cual Anderson iba a abandonar la Isla Food, los marineros del barco de chatarra comenzaron a repartir el dinero por la recogida de aquellos días. A cada habitante se le dio 400 berris, sin embargo a Scott sólo le dieron 200.

-No es que me queje, pero ¿Por qué me dan a mí menos dinero si he trabajado más duro que nadie?- Preguntó el médico.

-Porque alguien tendrá que pagar el equipo médico que has robado ¿no?.- Respondió un chatarrero.

-Y mi cantimplora nueva.-

-Y por no hablar de mi comida desaparecida misteriosamente.-

-¿De qué hablan?.- Respondió la chiquilla insolente.

-Este señor es Scott Anderson "El Asesino Médico", y encima que le hemos traído hasta aquí gratis, nos ha robado tres veces. Tenemos un Kanshi Den Den Mushi en cada perímetro de nuestro barco, ¿Sabía usted eso señor pirata?.- Dijo el marinero más cercano a Scott.

-¿Entonces, ¿Hay recompensa por su cabeza?.- Preguntó la niña.

-Pues sí, una recompensa de 2.700.000 berris.-

En ese momento, a todos los pueblerinos les brillaron los dos ojos y miraron a Scott con una mirada maliciosa. Demasiado maliciosa.

-No me digáis que... - Comenzó a decir el médico, pero antes de terminar su frase todo el mundo se le tiró encima. A duras penas consiguió el pobre pirata llegar a la playa para coger su barca nueva y huir de aquella isla de locos.

-Esta es la última vez que viajo aquí. Además me plantearé el hacerme la cirugía estética para que no me vuelvan a reconocer. Me paso mi vida huyendo.-

Justo después de haber estado a navegando durante más de media hora, Scott cogió un pequeño diario y comenzó a escribir su primera aventura con un bolígrafo. Pero de repente vio un pequeño cofre de madera tallado con sumo cuidado flotando en medio del mar. No se lo pensó dos veces y lo recogió. La cerradura estaba oxidada así que tuvo que romperla con uno de sus bisturíes gigantes. Dentro había un pequeño objeto protegido con varios trapos, al retirarlos, el pirata novato se encontró con una fruta grisácea en forma de esfera que olía a pólvora. En sus superficie habían un montón de espirales que le daban un aspecto misterioso. En ese momento algo hizo clic en la cabeza de Scott Anderson y murmuró casi automáticamente.

-Una nuez de Belcebú.-

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:14 am

Calor de muerte


"Soy Scott Anderson, de profesión médico. La verdad es que mi historia no ha sido ni trágica ni perfecta, yo nací en algún lugar del North Blue, pero no se exactamente donde. Mis padres se llamaban Thomas y Jill, eran ricos, muy ricos. Papá era médico, tenía siempre mucho trabajo y no podía disponer de tiempo libre ni siquiera para su familia, pero yo lo entendía. Mi madre era una científica brillante y como tal, tampoco tenía muchas horas de descanso.
Los demás niños se me acercaban para jugar conmigo, pero yo sabía que no venían por mí sino por mi dinero. No lo podían evitar, yo los comprendía. Pero recuerdo que un día estaba yo paseando por la playa cuando me topé con un barco muy bonito que parecía abandonado a juzgar por los daños que habían en su superficie de madera. Decidí llevármelo a casa pero no sabía cómo. Mientras pensaba un anciano barbudo vestido con ropas un poco gastadas salió del navío tambaleante y se cayó a mis pies. Se trataba de un aventurero de verdad, yo le busqué comida y agua y al día siguiente comenzó a contarme aquellas historias, aquellas maravillosas historias que a mí me parecían imposibles, pero tan reales que resultaba difícil dejar de escucharlas. Me decía que había navegado mucho por el Grand Line, que había visto sirenas, gigantes, piratas y grandes ejércitos de marines. Me contaba cosas acerca de las Akuma no mi que según él existían pero que mi razonable cerebro negaba su existencia. Pero llegó un día, en el que un científico de prestigio visitó nuestra isla. Se hacía llamar El Maestro, y trabajaba para la marina en una base submarina poco conocida. Mis padres decidieron que yo debía convertirme en su discípulo para convertirme en alguien en un futuro, y El Maestro me aceptó como su pupilo. Él me llevó a su base en el East Blue y me inculcó el amor por la medicina; personalmente a mí me gustaban más las patologías, aquella rama de la medicina que se encargaba de estudiar las enfermedades era muy interesante: los virus, los protozoos, los priones... El estudio de todas esas cosas me hacían a mí sentirme como un verdadero sabio médico. Pero años después, cometí el peor error de mi vida, y huyendo otra vez al North Blue me convertí en un criminal, en un pirata.
Hay gente que dice que los piratas son los únicos que son realmente libres, pero mi opinión es justo la contraria, para un pirata, el mar es su hogar, y a su vez su cruz. Y además, ¿cómo se puede ser libre si eres un enemigo de la justicia?
Yo tengo un sueño, y ese sueño consiste en convertirme en alguien recordado por la historia, pero no ansío ser rememorado como un vulgar criminal, si no como alguien que hizo algo por el mundo, algo grande y sin esperar palabras de agradecimiento. Pero antes, debo limpiar mi nombre, y para ello recorreré el mundo entero si hace falta. Yo nací para ayudar a la gente y cumpliré mi misión en este mundo, o pereceré en el intento."


De repente un infernal calor despertó a Scott de su sueño, inexplicablemente había soñado con su vida. Él se hallaba tumbado encima de su nueva barca vestido con su traje de color azul que se había ensuciado considerablemente abrazando con sus manos el baúl que contenía en su interior un gran tesoro: Una nuez de Belcebú.

El médico estaba sudando mucho y le rugían las tripas, así que abrió los ojos para encontrase ante sus ojos una isla de color carmesí, de la cual sobresalía un gran cono volcánico que expulsaba lava en pequeñas cantidades de vez en cuando. A pesar de la extraña temperatura, crecía en aquellas tierras abundante vegetación.

Anderson supo en ese momento que debía encontrar un lugar para esconder su barca pues los materiales que formaban parte de ella estaban empezando a estropearse por el calor.

-Vaya, vaya. Deben de haber aquí más de 50 ºC.- Dijo el pirata quitándose la chaqueta y abriéndose la camisa.

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:15 am

Scott Anderson decidió buscar algún sitio donde esconder la barca del calor infernal, así que empezó a buscar y encontró una cueva enorme del mismo color que la isla donde hacía frío. Aquella sensación que experimentó el médico al cambiar de temperatura tan bruscamente le resultó placentera, ya que personalmente prefería el frío al calor en proporciones kilométricas.

Tras colocar la barca en su nuevo refugio, procedió a lavar sus ropas con un poco de jabón que tenía en el botiquín. Después colocó sus prendas en el exterior y en poco tiempo ya estaba seca pero con algunas arrugas. Scott entonces se bañó en las tibias aguas de la isla para quitarse también la suciedad de su cuerpo. Cuando terminó, se vistió con su camisa de color rojo a la que le desabrochó algunos botones, con sus pantalones de traje azules y con sus zapatos de punta negros. Al mismo tiempo se colocó sus gafas en la frente.El pirata se disponía a explorar aquella isla a la que había llegado en busca de comida para su estómago que no paraba de quejarse con ruidos que se asemejaban a los gruñidos de un cerdo afónico.

La isla parecía estar completamente deshabitada, como ya se mencionó antes, la tierra era de color carmesí y por lo muy raro que pareciese, crecía vegetación de color azul o verde. Aparentaba la ínsula ser de grandes dimensiones, y su volcán parecía estar a punto de erupcionar de un momento a otro. Si habían frutas en algún lugar, Scott no las supo apreciar.

Se oían en la lejanía sonidos extraños, que probablemente provenían de animales asustados. En ese mismo momento, el pirata percibió un movimiento a sus espaldas y se volvió con un bisturí en mano. Delante de él había una pequeña figura humanoide peluda. Se trataba de un humano, pero tenía algo raro que saltaba a la vista, a parte de tener poco tamaño, su piel estaba pigmentada de un color rojo oscuro y una gran melena blanca que le cubría toda la espalda hacía combo con su barba gigante también blanca. Aquella criatura portaba una lanza en su mano derecha y vestía con un taparrabos confeccionado con piel animal. Un afilado cuerno asomaba por su pequeña cabeza.

Cuando Scott se disponía a abrir su boca, el extraño ser se puso a correr como un gamo. Así que por simple curiosidad el pirata lo siguió hasta llegar a un claro donde habían millones de esos humanos raritos de diversos tamaños, pero todos con su barba y su cuerno. Tenían todos ellos una mirada amenazante, pero cuando al médico le volvieron a sonar las tripas todas aquellas criaturas comenzaron a reírse como hienas.

-¿Pero bueno, ¿qué sois?- Se preguntó un desconcertado Scott. -¿Y dónde estoy?-

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:15 am

Aquellos seres produjeron silbidos similares a los de un pájaro que intercambiaron entre ellos. Scott supuso que se estaban comunicando. Luego le miraron a él a los ojos y le silbaron algo que obviamente no había quien lo entendiera.

-Lo siento, no os entiendo nada.- Se excusó el pirata.

Y otra vez volvieron a hablar entre ellos aquellas figuras humanoides mediante su lenguaje de silbidos, esta vez también hicieron varios gestos tan raros que Anderson creyó que los habitantes de la isla del calor infernal eran retrasados mentales. Lo imprevisto fue que en un punto de su indescifrable conversación cambiaron sus silbos por palabras, y ofreciéndole al médico un plato amorfo de cerámica que contenía una sustancia blanda y blanquecina que aparentaba ser comestible, le preguntaron (o eso es lo que daba la sensación):

-Ar ehr tratenu ar?.-

-¿Queréis que me lo coma?- Preguntó a su vez el desconcertado Scott.

-Ar' un tau ar.- Dijeron los nativos.

Anderson aunque no entendió ni una palabra de lo que dijeron comenzó a comer a una velocidad supersónica. El alimento sabía bien, a fresas azucaradas con nata y helado de cereza. Además era muy refrescante, tan refrescante que la sequedad de boca que tenía desde su llegada a la isla desapareció enseguida.

-Vosotros decís mucho "ar".- Dijo el pirata. -Os llamaré los "Arisleños".-

Así es como Scott congenió con aquellos simpáticos seres primitivos, mientras los arisleños le daban cobijo y comida al médico, él se encargaba de tratar a los enfermos.
Pero no todo fue de perlas en aquella isla, porque al cabo de unos días llegaron dos barcos a la costa. Uno de ellos era de tamaño mediano y estaba construido con madera negra, en sus banderas había un dibujo de dos espadas entrecruzadas. La otra embarcación era exageradamente gigantesca, aproximadamente medía 33 metros de alto y 223.70 metros de largo, estaba construida con madera probablemente muy cara y resistente y estaba lujosamente decorado con oro, plata y pintura de color azul y roja impermeable, en sus banderas había un escudo de armas de una familia noble.

Aquella llegada no sería más que el comienzo de un gran problema para Scott Anderson "El Asesino Médico".

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:16 am

Nada más llegar los barcos a la isla, unos hombres vestidos con ropas negras y con chalecos, rodilleras, cascos y guantes sin dedos verdes bajaron a tierra inmediatamente desde el barco negro. Iban armados con escopetas y pistolas enfundadas en sus espaldas y cinturas. Rápidamente se internaron en la selva de la isla carmesí. Nadie se percató de la presencia de nuevos invitados excepto Scott, pero éste se dio cuenta horas más tarde, justo cuando se disponía a comprobar el estado de su barca. La cara de sorpresa que puso al ver los dos barcos fue enorme.

Antes que nada se embarcó en el navío de mayor tamaño, pues obviamente resaltaba cien veces más que su negro acompañante mucho más modesto. El barco aparentaba estar vacío, no había nadie en la cubierta superior decorada con preciosas florituras propias de un gran artista escultor. El suelo de madera brillaba como los chorros del oro y el timón del buque brillaba pero por estar fabricado de caoba rojiza y tener incrustaciones de rubíes, zafiros, oro y bronce.
Sin embargo, cuando el pirata encontró una entrada al interior de la embarcación se quedó más maravillado todavía, puesto que sus pasillos eran de color azul claro con adornamientos tales como guirnaldas, muebles caros, árboles genealógicos dibujados en numerosos cuadros, grandes mapas que representaban el North Blue colgados en la pared...

En aquellos grandes mapas estaba representada la isla de los arisleños, al parecer el verdadero nombre del islote era Firedars y en algunos documentos que estaban cuidadosamente depositados sobre la mesa se podía leer que era un lugar inexplorado por el ser humano porque resultaba difícil entablar amistad con los habitantes.

-Pues vaya mala suerte habéis tenido señores nobles porque a mí no me ha costado nada entablar amistad con ellos.- Dijo Scott Anderson.

Pero casi de inmediato fijó su atención en un párrafo donde rezaba:

" Nosotros, los nobles, necesitamos mayordomos, esclavos y guardaespaldas superiores a cualquier plebeyo de clase inferior, es por ello que hemos decidido capturar a varios nativos de la isla Firedars por tener la fuerza, la resistencia y la disciplina que ningún humano podrá soñar jamás. Para realizar la captura hemos contratado a varios mercenarios profesionales expertos en armas de fuego para combatir si se precisa a los atrasados habitantes..."

-¿Qué haces tú aquí?- Dijo una voz desconocida que se dirigía a Scott. Se trataba de un mercenario que le apuntaba a la cara con una pistola de última generación creada en el South Blue. El pirata se volvió a él con las manos en alto.

-No dispare.- Contestó. -Si no me mata le pagaré muy bien.-

-¿Ah sí? ¿Con qué?-

-¿Le parece bien una Akuma no mi?-

-No trates de engañarme, no tienes nada parecido.-

-Claro que sí, le mostraré el camino si me deja.-

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:16 am

Scott convenció finalmente al mercenario y le llevó a donde se encontraba su bote. El mercenario abrió los ojos como platos y cogió la Akuma no mi del cofre. Había soñado toda su vida con obtener los poderes de una fruta del diablo algún buen día, aquel era su momento. Cuando estuvo a punto de morder aquella nuez de Belcebú sucedieron dos cosas. La primera cosa que sucedió fue que se acordó de algo, más bien de alguien. Y la segunda cosa que sucedió fue que ese alguien había sacado sus dos bisturíes y estaba realizando su Bistoury Combo delante de sus narices.

El Bistoury Combo consiste en la realización de tres cortes rápidos en el contrincante. En esa ocasión Scott realizó el primer corte en diagonal ascendente en la espalda de su adversario con su bisturí de la mano derecha mientras que la hoja del bisturí de su mano izquierda se encontraba colocada hacia abajo preparada para el segundo golpe, que precisamente fue realizado horizontalmente también en la espalda del mercenario. La última incisión fue concluida con una clavada del bisturí derecho en el enemigo.

El mercenario jadeó y se tambaleó dejando caer la fruta del diablo dentro del cofre, realmente él se hallaba completamente bien, o casi. Entre su armamento estaba incluido un chaleco verde antibalas, que de algún modo le había protegido de los letales cortes, pero no de los impactos. Se dio la vuelta y disparó tres tiros al insolente desconocido de la camisa roja.

Scott trató de esquivar los tiros de su enemigo, pero una bala le impactó en el brazo derecho, dejándole una gran herida de la que no cesaba de manar sangre. El médico ya no podía forzar su miembro dañado, así que realizó otro Bistoury Combo pero esta vez usando sólo un brazo e intentando hacer cortes más profundos.

El mercenario soltó una carcajada y golpeó al pirata con la empuñadura de su arma en la cabeza, él iba a terminar con esto rápidamente, no disponía de tiempo para combatir con alguien que ya había perdido la batalla.

El golpe dejó a Scott al borde de desmayarse, sin embargo reunió fuerzas donde no las había y realizó otro de sus ataques, la Dokuso de Conotoxina. Así que para ello agarró la ampolla de cristal que tenía guardada en una bolsita amarrada a su cinturón negro de cuero bien segura y la lanzó encima del mercenario, que sorprendido cayó en la trampa de toxinas y quedó temporalmente paralizado. El médico sabía que tenía sólo 20 segundos para acabar el combate o si no sería su final. Su último golpe tenía que ser certero y letal, pero no pudo ser así porque lo único que pudo hacer fue empujar a su contrincante al agua de la cueva.

Después de esto, Scott se desplomó en el suelo agotado por el esfuerzo.

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:17 am

Scott despertó en una camilla de hospital, tenía el brazo vendado y se encontraba vestido completamente con su traje azul, que estaba limpio, bien planchado y sin sangre. La sala en la que se encontraba era rectangular y estaba tapizada con tonos azules y dorados. El médico trató de incorporarse pero noto algo pesado en sus manos.

-¿Qué demonios...?.- Comenzó a decir pero se calló al ver que se encontraba encadenado y con alguien vigilándole. La otra persona que había en la sala era un mercenario que le dijo:

-Buenas tardes señor Anderson, se habrá dado cuenta de que le vamos a entregar a la marina, espero. Bueno, voy a resumirle lo que le tengo que anunciarle: Está atrapado en el barco de los nobles junto con los nuevos esclavos procedentes de la Isla de Firedars, sus armas están confiscadas y va a pasar el resto de su vida en prisión, creo yo.- Dijo en un tono despectivo. -Así que nada, sienta cómo la Justicia se acerca a usted, poco a poco.-

Aprovechando que el mercenario se había acercado demasiado a su camilla, Scott le agarró el cuello con sus dos piernas y le dejó inconsciente en el suelo, tirado como una colilla. En ese mismo instante, se oyó un estruendo a lo largo del pasillo y un doctor vestido con una bata blanca entró corriendo en la sala del pirata y sin decirle nada le quitó las cadenas con una llave que tenía. Luego, se fue corriendo como un loco.

-¡Qué raro!, apuesto a que este hombre es aquel que me a curado mis heridas.-

Anderson cogió la escopeta del mercenario caído y comprobó la munición. Habían seis balas, suficiente.
Con el temor a lo que se podría encontrar en el pasillo, Scott abrió la puerta y salió de su prisión improvisada con cautela. En ese momento sonó otro estruendo y aparecieron en el corredor veinte arisleños que le miraron con desprecio. Uno de ellos le lanzó una lanza con una precisión inalcanzable para un humano, pero el pirata esquivó el tiro y se preguntó por qué lo atacaban sus nuevos amigos. No tuvo tiempo de entenderlo porque uno de esos seres rojos le pegó un puñetazo en el estómago que le hizo volar por los aires literalmente.

-Menuda fuerza tienen estos.- Dijo el médico sorprendido por la increíble fuerza de los arisleños. -De no ser por mi estómago a prueba de bombas yo habría vomitado hasta mi primera papilla.-

Ni bien terminó la frase, diecinueve lanzas fueron lanzadas al mismo tiempo con el objetivo de matar a cierta persona vestida con traje azul. Scott corrió y se introdujo en otra habitación antes de que le hicieran daño de verdad esas armas prehistóricas, pero en aquel cuarto habían otros tres arisleños cabreados que no dudaron en atacarle con piedras que tenían guardadas en sus taparrabos ( menudo asco tongue).

El pirata se las tuvo que ingeniar para llegar sano y salvo a la cubierta del barco de los nobles. Donde habían mercenarios combatiendo contra los nativos barbudos y mayordomos corriendo de un lado para otro con arisleños detrás. Scott disparó a varios mercenarios aún sabiendo que no les haría mucho efecto, pero con tal de darles ventaja a los habitantes de Firedars haría cualquier cosa. Tras atravesar varias puertas más se topó con sus armas que no dudó en recoger. Los arisleños habían conseguido escapar, ahora a él le tocaba tomar el control de la nave para salir de esta situación.

Al fin consiguió encontrar la sala del timón que había visto por primera vez cuando entro a explorar el barco por su cuenta hace unas horas. Pero nada más entrar se topó con un problema: Habían tres mercenarios en la sala, uno de ellos parecía el jefe y tenía la Akuma no mi en la mano. Estaba muy sonriente.

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MensajeTema: Re: El diario de Scott   Sáb Dic 10, 2011 9:18 am

La pequeña sala del timón no era muy amplia, estaba tapizada con tapices rojos con decoraciones doradas y tenía muchas ventanas de cristal que rodeaban la estancia. Algunas de ellas daban al mar.

-Ah, que inesperada sorpresa, pirata. Se preguntará qué ocurrió exactamente después de haberse desmayado ¿no?. - Dijo el jefazo, pero al ver que Scott no contestaba prosiguió su discurso. -Pues bien, ya ve que hemos capturado a todos esos pesados habitantes de Firedars para convertirlos en esclavos de los nobles. Justo después de encarcelarnos nos dimos cuenta de que faltaba uno de nuestros camaradas, y como no, lo encontramos tirado sin sentido en una cueva, el pobre debe de haber estado a punto de ahogarse. Usted estaba apoyado en un muro también inconsciente con un pequeño cofre con una Akuma no mi dentro. Y mira por donde, la tengo aquí mismo y me la voy a comer. Cuando acabe contigo arreglaré el problema que han ocasionado esos rebeldes nativos peludos que se han escapado y me pagarán bien por ello.-

Después de hablar, el mercenario le pegó un mordisco a la fruta del diablo, pero en aquel mismo instante se dio cuenta de algo en lo que no se había fijado antes: Otro mordisco menos reciente que el suyo. En ese instante comprendió lo que había ocurrido al contemplar la sonrisa del pirata durante unos breves segundos. Antes de desmayarse, Scott había mordido la Akuma no mi, convirtiéndose así en el verdadero usuario de la Shotto-Shotto no mi.

Tirando la nuez de Belcebú al suelo con rabia, el jefe mercenario sacó su pistola personalizada y disparó con gran puntería al brazo derecho del pirata, que gritando dijo que ya era la segunda vez que le jorobaban su brazo en lo que iba de día.

Scott después de recibir la bala y de gritar como un niño pequeño tiró sus dos últimas Dokuso a los contrincantes que se hallaban a su izquierda y a su derecha, que quedaron desconcertados los primeros cinco segundos tras el impacto, y luego paralizados.

El mercenario sano le disparó en ese instante con la escopeta que había estado cargando mientras duraba el ataque del pirata. Los proyectiles le dieron a Anderson en pleno pecho. Lo cual dio origen a más sangre y a más gritos combinados con algún que otro insulto.

El Asesino Médico se hallaba ya muy débil, solo tenía una oportunidad para salir airoso de aquella situación, tenía que calcular con precisión sus últimos movimientos y evitar morir resistiendo las cinco balas que le habían disparado en tan poco tiempo. Así que dando una voltereta hacia su atacante, sacó sus bisturíes y cortó como alma que lleva el diablo en todas las direcciones posibles y como último golpe de gracia, empujó al jefe esclavista a una ventana que daba de casualidad al mar. Pero no había acabado todo, quedaban como mucho cinco segundos para que los dos paralizados recobrasen su movilidad y entonces sería el final de Scott Anderson.
A continuación lo que hizo el médico no fue original ni guay: Los empujó también a las ventanas que daban al mar. Tras ese esfuerzo, sus fuerzas flaquearon y cayó al suelo, cerrando los ojos.

A la mañana siguiente el pirata despertó sudando por el intenso calor en Firedars junto al doctor que le había librado de sus cadenas en el barco de lujo. Scott se hallaba más vendado que antes y vislumbró el buque donde había sido prisionero amarrado en la playa.

-Buenos días, ya era hora de que despertaras.- Dijo el doctor.

-¿Qué ha ocurrido?- Preguntó Scott con dificultad.

-No hables, aún estás un tanto débil. Te lo explicaré todo pero no hables.- Contestó el extraño hombre. -El dueño de ese buque que ves ahí es un noble que viajaba con su tripulación en busca de nuevos esclavos, la tripulación estaba formada por tres mayordomos, una docena de mercenarios (que viajaban en el barco negro) y por mí. Yo era el médico de a bordo. Los planes salieron como nuestro capitán quería, sin embargo, te capturaron a ti y me mandaron a curar tus heridas para entregarte sano a la marina en alguna isla. No nos entregarían 2.700.000 berris por un pirata muerto, a ellos les gusta interrogar a los criminales, como ya sabrás. Bueno, pero en medio de la travesía los nuevos esclavos se escaparon y armaron una revuelta que pilló desprevenidos a los mercenarios. Los mercenarios son más poderosos y tienen más tecnología, pero en ese instante no se esperaban una fuga de ese calibre y eso les dio desventaja. Sí, los mercenarios acabaron derrotados por esos seres primitivos. El capitán noble me ordenó que te desencadenara para que distrajeses a los esclavistas mientras él huía con él único bote de salvamento, pues ya estaba todo perdido. A mí me dejó tirado en el barco y es así como te encontré. Te he curado a ti y a los mercenarios que supervivientes y he llevado a Firedars a los esclavos (sé algo de navegación). Total, ya no tengo un noble dándome órdenes. En cuanto te recuperes te recomiendo que te vayas de esta isla en tu bote, no me parecería extraño que el noble enviase aquí a la marina para encontrarte y para recuperar su buque.-

Dicho esto se marchó a atender otros asuntos, Scott, tras reflexionar un poco pensó:

"Esto de vivir como un pirata parece divertido con tanta aventura, tal vez..."
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