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Comentarios: 10

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 Ladridos en Re menor

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AutorMensaje
Hachikō
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MensajeTema: Ladridos en Re menor   Miér Oct 12, 2011 2:34 pm

Estaba a punto de anochecer, en el horizonte se podía observar la puesta de sol que coloreaba el cielo de tonos anaranjados. Y en el callejón, igual que todos los días a esa hora, el cachorro de siete meses se encontraba sentado, sosteniendo una pipa de fumar en su boca, mirando hacia el frente y cambiando su postura solamente para girar la cabeza ante la presencia de personas, como si estuviera esperando ver a alguien en especial. Las horas pasaron y decenas de rostros cruzaron por delante suya, pero ninguno de ellos el de su viejo amigo y aunque comenzaba a sentir el aguijón de la tristeza conservó su posición impasible.

-Mira lo que tiene ese chucho en la boca. ¿Es una pipa? Vamos a quitársela.- Los dos niños se acercaron y uno hizo ademán de arrebatarle el recuerdo de su amigo. Hachikō comenzó a gruñir ante este ataque, enseñando los dientes y erizando los pelos del lomo al tiempo que se ponía a cuatro patas bajando la parte superior del tronco, dispuesto a atacar. Ante esto el niño dio un respingo y retrocedió, mostrándose visiblemente irritado por la actitud del can.

-¿Cómo se atreve a gruñirme este perro sarnoso? Debería darle una lección.-

-¡Yo te ayudo con eso!- De detrás del niño que tenía el pelo castaño salió el otro, un poco más pequeño que el primero y que perfectamente podía ser su hermano, con un palo. Esto cogió a Hachi por sorpresa, que recibió un buen golpe en el costado, lanzando un gemido de dolor y cayendo al suelo.

-¡Hoho, bien hecho! ¡Eso le enseñará a ese chucho rabioso su lugar! ¿Con que gruñéndome, eh? Pues ahora te voy a dar una paliza.- Los dos niños empezaron a golpearle, propinándole puntapiés y palazos al cachorro que hacía todo lo posible por esquivarlos y responder a sus ataques, sin mucho éxito debido a la, aunque pequeña, ventaja numérica que tenían los dos niños.
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Shan Wei
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Muy bueno

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MensajeTema: Re: Ladridos en Re menor   Miér Oct 12, 2011 4:47 pm

Poco a poco se hacía la noche en las calles de la pequeña ciudad, los callejones más transitados se vaciaban de gente que sabiendo lo peligroso de la noche en aquel lugar preferían escapar cuanto antes a sus seguros y tranquilos hogares. Sin embargo no todos en aquel pueblo tenían la misma suerte, la pobreza no era algo desconocido en aquel lugar, aunque fuese poca, al menos no había mucho más que eso, pobreza. Lo criminal en aquel pueblo estaba casi extinguido, a parte de las locales rencillas por culpa del alcohol, los cuarteles de la marina allí estaban poco transitados por criminales.

Aun así, eso no significaba que no pasasen por allí gente de todo tipo, las apariencias engañan y más si es una inocente niña pelirrosa, acompañada de un gato que duerme apaciblemente sobre su cabeza. Nadie se había fijado en ella. Su aspecto sucio y demacrado daba a entender que era una vagabunda, pero nadie, nunca nadie se habría imaginado su procedencia y mucho menos el verdadero motivo por el que se encontraba en aquella pequeña isla. Y al igual que todos, el bastón que usaba como apoyo no hacía suponer para nada que la pequeña había perdido la visión, el motivo, su cuerpo estaba tan débil para continuar andando que necesitaba apoyarse sobre él como si de una muleta se tratase y con el sol escondiéndose a cada minuto, uno no se podría fijar en sus apagados ojos azules.

Así, la pequeña niña continuó su camino a duras penas, apoyándose con dificultad cuando sabía que no tenía nada delante, usando el bastón alternativamente como apoyo y como limpiador de terreno. Suspiró fuertemente, estaba muy agotada, había intentado en el camino por mar dibujar un par de remos sin más éxito que el de un amorfo trozo de madera, y por ello ahora no podía dar un paso más. Al menos se decía a si misma había conseguido llegar a la siguiente isla. Y para colmo, tenía un hambre de mil demonios ¿Qué podría hacer? Se paró un segundo en medio de la calle. Si afinaba el oído se podía escuchar a los comerciantes recoger sus mercancías para el resto del día.

-Fu-chan… ¿estás despierto?-preguntó en un susurro al gato anaranjado que aparentemente dormía sobre su cabeza. Al oír la voz de la niña abrió un ojo.

-¿Qué ocurre Wei-chan?-se escucho al collar transmitir con voz chillona los maullidos del felino.

-Fu-chan, tengo hambre…crees… ¿crees que podrías cogerme una manzana o algo ne?-pregunto con un poco de apuro mientras palpando a su alrededor se dirigió hacia un lado de la calle para no molestar y pasar desapercibida.

-Pues claro pequeña, ahora mismo vengo…-y de un salto cayó al suelo con suavidad, desapareciendo entre los puestos del mercado. Wei se sentó resbalando por la pared hasta llegar al suelo. Suspiró fuertemente mientras se agarraba el estomago que luchaba por pedir algo de comida. Cerró los ojos, tampoco es que fuese a necesitarlos para mucho más, y se puso a escuchar todo a su alrededor. Algo le sorprendió, parecía una pelea, no lo tenía muy claro, se centró entonces en esas voces.

-¡Hoho, bien hecho! ¡Eso le enseñará a ese chucho rabioso su lugar! ¿Con que gruñéndome, eh? Pues ahora te voy a dar una paliza.- escuchó con claridad de donde provenían aquellas palabras, algo más adelante en un callejón a su derecha. Se levantó apoyando ambas manos en el suelo y corrió hacia donde creía que provenía aquella voz, tropezándose en el camino, cayendo y levantándose de nuevo. No se preocupo por Fu, pues sabía que podía encontrarla sin problemas, no estaba muy lejos de donde se había parado.

Con las manos ya destrozadas por el asfalto llegó al lugar en cuestión, podía reconocer si afinaba el oído dos voces distintas, dos niños, amigos o hermanos, no podía identificarlo con claridad, pero estaba segura de que eran menores. Y lamentablemente junto a esas voces también escuchaba los gemidos de un perro. Aunque no pudiese ver lo que ocurría se encendió de rabia, no podía permitir que ocurriese una escena como aquella.

-¡Parad! ¡Parad de una vez!-gritó con todas sus fuerzas, la pequeña pelirrosa no soportaba que se tratase de esa forma a un animal, ellos eran amables, fieles, unas niñeras estupendas y lo que es más, la mayoría de veces mucho mejores y amables que los humanos. Con la oscuridad creciente apenas se podían ver las apagadas pupilas de la muchacha que intentaban fijar su vista en algún punto. Wei agarró el bastón de forma defensiva aunque apuntando hacia las voces. Al parecer sus gritos habían atraído su atención la atención de los maltratadores.

-¿Qué os creéis que estáis haciendo?-preguntó con toda la firmeza que pudo encontrar. Los niños se quedaron un buen rato observando a la pelirrosa, durante unos minutos no alcanzaron a descubrir su ceguera, pero una vez pudieron comprobar el estado de la muchacha, sonrieron con sorna.

-Pues estamos dándole una lección al maldito chucho, ¿Quién te crees tú que eres para impedírnoslo eh? Si ni siquiera puedes ver…Ciega de…-Wei no le dio tiempo a terminar. Gracias al sonido que emitía el muchacho al hablar pudo adivinar con algo mayor de precisión donde se encontraba, con cuidado agarro con la diestra el bastón a la mitad y con la diestra algo más alejado, de esa manera lanzó un tajo hacía aquel muchacho.

-¡Eh! Pero que haces, ¿Estás loca o qué?-Wei no respondió, su intención era hacer que se apartasen del perro, con el camino abierto se abalanzó hacia donde las respiraciones de agotamiento se escuchaban y a continuación se dio la vuelta.

-¡Dejadle en paz! Él no ha hecho nada malo… ¡Marchaos!-anunció alzando ambos brazos en forma de cruz. Los niños observaron un segundo a la pelirrosa sopesando sus opciones y las de los dos vagabundos, miraron durante un segundo al cachorro de pelaje azulado y sonrieron satisfechos, ciertamente no querían tener problemas con la vagabunda. Un perro era algo que no les importaría a los guardias, pero una niña…eso ya era meterse en camisas de once varas. El más mayor de todos, se acercó con rapidez a la pequeña y la desequilibró haciendo que cayese de bruces al suelo.

-Bah, nos da igual, ya hemos terminado con ese chucho, así aprenderá. Ni siquiera merece la pena darte una paliza a ti también.-comentó desafiante a la par que se deshacía del palo e instaba al otro a seguirle de nuevo a casa. Una vez convencida de que se habían marchado y escuchando sus pasos en la lejanía se incorporo apoyando las manos en el suelo. Se quedó sentada en el suelo, suspiró fuertemente y palpó el suelo hasta dar con el pequeño cachorro, le acarició la cabeza intentando tranquilizarse a sí misma.

-Bueno pequeño, ya se fueron, ya no hay de qué preocuparse ¿ne?...


-Ay Dios mío… ¿en qué lio te has metido pequeñaja?-
escuchó a su espalda la chirriante voz del gato anaranjado. Se colocó a su lado y le entrego la manzana que llevaba.

-¡Fu-chan! Trajiste la manzana, que bien.-comentó alegremente la pequeña como si nada de lo anterior hubiese sucedido. Tanteó la manzana unos segundos. -Hmm…estaban haciéndole daño a perro-chan…-mordió un trozo considerable de la manzana y lo tomó de nuevo de su boca, evitando babearlo mucho.-Ten pequeño, seguro que tienes hambre.-le ofreció el trozo al pequeño cachorro mientras se acomodaba a su lado y el anaranjado gato se acurrucaba en su regazo.

-No sé como lo haces pero siempre consigues meterte en cualquier lio.-[/b]comentó el gato.-Y todo por un perro.-añadió con rintintin mientras cerraba ambos ojos.

-Ne perrito, ¿qué te querían hacer esos niños malos?-preguntó la pelirrosa ignorando el comentario del gato mientras clavaba su vista en donde se suponía que debía estar el cachorro guiada por la respiración que escuchaba.
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